
¡Buenos días!
Hoy vengo a contarte por qué ya no vamos a enviar más naranjas de mesa esta campaña. Te aviso de entrada que es un tema delicado.
Eso sí, antes, para empezar bien el día sí te transmito una noticia muy buena: ya tenemos moras de Antonio disponibles en la web.
Y son de esas que te dejan los dedos bien manchados y el sabor dulce resonando en la boca...
Pero dicho eso, a lo que te quiero contar.
Me gustaría que te imaginaras que esto te lo cuento en la puerta del campo, con las manos aún con olor a azahar.

En estas fechas empieza a acechar la mosca del Mediterráneo. No es una mosca cualquiera. Es una listilla que va directa a la fruta madura, la pica y mete los huevos dentro. De ahí salen unos gusanos que hacen estragos en la pulpa.
Y tiene truco doble.
Primero, la picadura deja un agujerito minúsculo que por fuera casi ni se ve, pero abre la puerta para que entren hongos.
Segundo, esos huevos, cuando nacen, se comen el interior de la naranja como si fuera un bufé libre. Por fuera la naranja parece de traje y corbata, por dentro ya llevan la fiesta montada.
Y lo peor es que muchas veces ese lío no se nota el día que la cortas del árbol, aparece a los días.
Y no queremos que seas tú quien lo descubra.
Llegados aquí, te cuento la verdad sin rodeos. Esta es ya una época difícil. Si uno quisiera estirar la campaña a toda costa, tendría que apoyarse en tratamientos muy pesados que no van con nuestra forma de trabajar.
Nosotros cultivamos como lo hacían nuestros abuelos, cosechamos bajo pedido cada mañana y enviamos directo del árbol a tu casa. Ese compromiso también implica saber parar a tiempo.
Y en este caso le toca parar a la naranja de mesa.

Fruta buena hay, claro que sí. En el árbol quedan piezas que hoy están riquísimas. Pero entre lo bueno que se puede comer y lo bueno que puede viajar sin fallar hay un mundo.
Ahora mismo la balanza se ha inclinado y preferimos dejar de enviar y asumir que parte de la cosecha se pierde antes que jugar a la lotería con tu caja. No queremos que te toque la mala, ni una sola vez.
Esto es moneda corriente en nuestro trabajo, aunque te confieso que igual afecta.
Duele ver naranjas preciosas quedarse en el árbol, pero es más honesto que te llegue siempre lo mejor. En el campo convivimos con estas decisiones cada año.
Seguimos a tu lado con frutas y verduras artesanales que cosechamos bajo pedido con compañeros agricultores por toda España.
Y sobre todo, ya miramos al futuro. Los naranjos son pacientes, ya están preparando la próxima flor.
Volverán las primeras naranjas de mesa de la nueva temporada y lo harán con esa mezcla de dulzor y acidez que tanto nos gusta.
Nosotros seguiremos cuidando los árboles con el mismo cariño de siempre para que, cuando toque, abras la caja y huelan a campo de verdad.
Gracias por entendernos y por apoyar al campo español.
Un abrazo grande desde la huerta valenciana,

