
Buenos días desde la huerta de Valencia.
Hoy me he sentado un ratito después de revisar los pedidos de la mañana, para contarte algo que me hace mucha ilusión.
Ya sabes que aquí cosechamos lo que tú nos pides y salimos al campo cada día a por lo que habéis elegido. Es nuestra forma de trabajar y, que yo sepa, en España no hay otro que lo haga así.
Hoy toca hablar de una de las reinas del bancal. Tiene muchas variedades (y créeme que cuando digo muchas, son muchas).
De estas reinas, las que nosotros tenemos, tanto en casa como en la tienda online, las cultiva nuestro compañero Vicent en plena Huerta de Valencia.
Si cierras los ojos casi se oyen las acequias correr, la azada, y a Vicent contando sus tiempos de siembra como quien guarda una receta de la abuela: rotación de cultivos, riego fino, suelo con vida y cosecha a mano.
Artesanal de verdad.

Sí, te estoy hablando de la patata.
Te lanzo un dato que a mí me parece precioso. A lo largo de la historia se han llegado a documentar más de siete mil variedades de patata. Siete mil maneras de entender un mismo tubérculo. Luego miras el estante del súper y siempre ves las mismas dos o tres…
Por eso en Campos del Abuelo elegimos la Vivaldi de Vicent. No porque tenga un nombre bonito, que también, sino porque es de altísima calidad y porque apostar por estas variedades es cuidar la diversidad del campo, que es nuestro seguro de vida.
¿Y cómo es la Vivaldi? Piel fina y lisa, de color doradito, carne amarilla clara y esa textura cremosa pero firme que aguanta el tipo. Sabe suave, con un puntito dulce y un toque a tierra buena. Es muy versátil.
Hervida queda redonda, asada coge un dorado de aplauso, al vapor mantiene el bocado y en tortilla… mejor no abro melones, que aquí empieza la guerra civil de la cocina. Con cebolla o sin cebolla, yo decido, tú decides, ¿Quién decide?, que en esta casa se quiere a todo el mundo igual.
Se llama Vivaldi por el compositor de las cuatro estaciones y no es casualidad. Esta patata se puede cultivar a lo largo de todo el año. No se pone tiquismiquis con las horas de luz y se adapta muy bien a nuestras temperaturas mediterráneas.
En el caso de Vicent, él va escalonando las siembras y rotando parcelas por lo que no siempre hay patata. Pero no porque no se pueda, sino para no esquilmar el suelo, para no cansarlo hasta romperlo.
Es como dirigir una orquesta, cada instrumento entra a su tiempo y, cuando todo está bien afinado, el resultado es música para el paladar 🎻.

Una curiosidad del campo: si te sale una patata con un poquito de tierra, déjala que no molesta. Esa capita protege y alarga la vida. Aquí no hacemos pasarela de moda, hacemos comida de verdad 🥔.
A mí lo que más me gusta de este oficio es que nunca te aburres. Un día te escribo de fresones y al siguiente de naranjas, y hoy de patatas que llevan nombre de concierto.
El campo es entretenido porque cada cultivo es un mundo y porque todos los días aprendemos algo nuevo.
Gracias, de corazón, a quienes os interesáis por estas historias. Que nos dejéis contaros lo que pasa entre bancales y acequias nos da fuerzas.
Vuestros pedidos hacen que cada mañana salgamos a cosechar justo lo que vais a comer, directo del campo a vuestra cocina, sin pasillos de por medio. Así de sencillo y así de especial.
Un abrazo grande y que tengas un excelente miércoles. Nos vemos entre naranjos y patatas. 🌱

