Buenos días.

He empezado la semana yendo y viniendo de un lado para otro por los campos y me he vuelto a fijar en algo que llevo viendo hace tiempo: Alrededor de mi parcela hay campos que ya no se trabajan.

Donde antes había producción y gente a pie de árbol, ahora hay silencio. Por desgracia, es moneda corriente desde hace algunos años.

Entre la competencia desigual con producto de fuera, el abandono que sufrimos quienes nos dedicamos al campo y la falta de relevo generacional, muchos vecinos han tenido que cerrar la persiana del huerto.

Y, {nombre}, cuando un campo se abandona, no solo se pierde fruta: se pierden manos, historias y saberes.

Pero aquí sostenemos y lo seguiremos haciendo, si me dejas, te cuento por qué...

A veces me preguntan por qué pasa esto y la explicación, sin meter tecnicismos, es sencilla.

Cuando en la tienda encuentras naranjas de muy lejos a un precio que a nosotros no nos da ni para pagar el gasoil, es porque jugamos con reglas distintas.

Fuera hay costes más bajos y normativas diferentes, y aquí además de eso faltan jóvenes que tomen el relevo.

La gente del campo se hace mayor, y entre papeleo, costes y sustos del clima, muchos tiran la toalla.

Por eso valoro tantísimo poder trabajar en red con compañeras y compañeros de toda España. Cuando uno flojea, el otro empuja.

Nos avisamos si una variedad está en su punto, compartimos herramientas, nos echamos un cable con los envíos. Cada mañana reviso los pedidos y nos vamos a cosechar lo que tú has pedido.

Esto que hacemos, te lo digo con orgullo, casi nadie lo hace en España. Es más trabajo, sí, pero es la única manera que conocemos de defender nuestra cosecha a un precio justo y con sabor a verdad. 

Hoy, mientras andaba de una finca a otra, pensaba en una palabra que usamos mucho y que explica bien nuestro oficio. Te la he nombrado en otra ocasión, pero vuelvo a echar mano de ella porque es la que nos hace tirar para adelante: Continuar.

Que no es solo seguir sin parar, también es retomar después de un bache.

En el campo hay años de alegrías y años que parece que el cielo ha decidido ponernos examen. Aun así, continuamos.

Me hizo gracia pensarlo como lo haría un informático. En los ordenadores existe un continuar que sirve para saltar lo que no toca y seguir con la siguiente vuelta.

Pues así hacemos a veces. Si una parcela este año no da, no nos quedamos bloqueados. Saltamos a la siguiente, cuidamos lo que sí responde y mantenemos vivo el hilo de trabajo.

Al final, continuar viene del latín continuare, que significa unir trocitos para que no se rompa. Justo eso intentamos, unir jornadas, manos y generaciones para que el oficio no se quiebre.

Porque si sigo aquí no es solo por pasión. Cultivar fruta y verdura sanas es algo que le debo a quienes me enseñaron a leer el cielo y a escuchar el suelo.

Trabajamos de forma artesanal, como lo hacían nuestros antepasados, con paciencia y respeto.

Mi abuelo decía que un huerto sin gente se queda mudo

Por eso, cuando veo un campo vecino que se apaga, me aferro más a la idea de que hay que conservar lo que nos hace quienes somos.

Continuar no es cabezonería, es amor a la tierra y a su gente, es darle voz a la tierra. 

Gracias de corazón por apoyar al campo español. Cada vez que eliges nuestra caja, haces posible que sigamos cosechando bajo pedido, que mantengamos la red de pequeños agricultores y que ese paisaje de huertos vivos no se convierta en una postal del pasado.

Si hoy te llegan unas naranjas dulces o unas verduras que crujen, recuerda que hay muchas manos detrás.

Te deseo un buen inicio de semana. Nosotros seguimos, paso a paso y con las botas puestas.

Un abrazo grande desde la huerta valenciana 🌱🤝🍊

Agricultor

Eduardo Cifre