Buenos días

Hoy vengo con un tema que nos preguntan mucho. Ese brillo de escaparate de las naranjas del súper frente a las nuestras de Campos del Abuelo, las que cosechamos a mano cada mañana según vuestros pedidos. Y sí, lo nuestro tiene menos maquillaje por fuera, pero dentro va la verdad de la fruta.

Empiezo por lo básico. La piel de la naranja es su abrigo y su escudo. En el campo español ese abrigo se hace a golpe de sol, brisa mediterránea y paciencia. Cuando sopla el viento y las ramas se mueven, el fruto roza una ramita y queda una marquita superficial.

Si un día pega fuerte el sol tras una lluvia fresca, la piel se marca como con un bronceado. Si viene una semana de noches frías y días templados, la piel se estira y a veces asoma una pequeña cicatriz. Si el árbol carga demasiados frutos, reparte fuerzas y hay pieles algo más finas. Y también influye la tierra de cada parcela y la variedad. Todo natural y sin dramas.

Por dentro, la historia es otra. La pulpa está sana, jugosa y dulce. Que una naranja tenga una manchita en la piel no significa que esté mala. Es como cuando te arañas con una zarza en el monte. La chaqueta queda marcada, pero tú estás perfecto por dentro. Corta y prueba. Verás a qué sabe de verdad una naranja.

Entonces por qué brillan tanto las de supermercado. Porque pasan por un montón de pasos pensados para que todo luzca idéntico. Primero viajan a un almacén, luego a una línea de confección con rodillos y cepillos que las pulen hasta que parecen de revista. Después una máquina con cámaras separa por tamaño y color para que todo quede uniforme.

En muchas centrales se usan cámaras de coloración y largas cámaras de frío para cuadrar semanas de venta. Todo esto da estética y duración, pero a veces se queda por el camino ese punto de aroma y frescura que buscamos los que comemos fruta como fruta, no como decoración.

En nuestros campos la historia va al revés. Por la mañana reviso los pedidos, nos calzamos las botas y cosechamos lo que nos habéis pedido. Eso va directo a vuestra casa en menos de un día. Cosecha bajo pedido. En España esto es casi una rareza y a nosotros se nos cae la baba de orgullo. La fruta llega tal cual sale del árbol, sin pulidos de salón ni trucos. Con sus lunares de vida y su sabor entero.

Es facil: Viento de poniente que mueve ramas, marquita. Lluvia seguida de sol, tatuaje superficial. Granito de arena soplado contra el fruto, raspón leve. Árbol joven con mucha carga, piel finita aquí y allá. Nada de esto afecta a los gajos. Lo importante es que el fruto pese, que huela a naranja y que ceda lo justo al apretarlo con cariño. Si cumple eso, lo demás es cuento.

A mí mi abuelo me decía una cosa muy simple. La naranja buena no se mira al espejo, se exprime en el vaso. Y tenía razón. El brillo que nos interesa es el del zumo fresquito al caer, no el reflejo de un foco de almacén.

Gracias por apoyar a la gente del campo que trabaja como lo hicieron sus abuelos, con mimo y sin prisas. Seguiremos madrugando para cosechar solo lo que pedís y llevaros a casa la naranja que sabe a naranja. Y si alguna vez te llega una con un lunar curioso, dale la oportunidad de sorprenderte. Igual acaba siendo la mejor del lote 😉

Un abrazo enorme desde Valencia y que tengas una semana redonda. Nos vemos en la próxima cosecha de la mañana. Hasta muy pronto

Agricultor

Marketing Campos Del Abuelo