Buenos días, ¿Cómo va la semana?

Por aquí, en la huerta de Valencia, ya estamos con ese cosquilleo bonito de las grandes noticias: este jueves volvemos a tener cosechas nuevas y no te imaginas las ganas que tenemos.

Así que, atento a la web porque hay regresos muy esperados.

No solo nosotros, que llevamos semanas afinando cada detalle entre campos y almacén, también muchos de vosotros nos habéis estado preguntando por un regreso en particular.

Hoy te quiero hablar de uno que se ha abierto hueco en tierras valencianas, aunque aquí lo nuestro de toda la vida hayan sido los cítricos.

¿Te imaginas de qué estoy hablando?

Así es, esta semana vuelven los arándanos.

Te pongo en situación. Valencia y alrededores tienen suelos con mucha cal, buenísimos para naranjos y mandarinos, pero a los arándanos les sientan regular porque prefieren ambientes más ácidos. Antonio, que tiene más maña que un abuelo en ferretería, lo resolvió con un sistema de cultivo hidropónico al aire libre con macetas rellenas de fibra de coco.

Dicho fácil, el arándano no crece en el suelo del campo, sino en una maceta grande llena de fibra de coco, que es como una esponja natural. Drena bien, guarda la humedad justa y deja que las raíces respiren a gusto.

Así Antonio puede cuidar el agua y la acidez como un relojero, y el arándano se cría feliz a cielo abierto, con sol, brisa y sin encierros.

¿Y por qué recalco lo de al aire libre? Porque el sabor cambia. Cuando el arándano madura a la intemperie recibe una luz más directa, nota las pequeñas diferencias entre el día y la noche y la brisa ayuda a que la piel se haga un pelín más firme.

Todo eso se traduce en un bocado con más carácter, con ese equilibrio entre dulzor y un puntito de acidez que hace salivar y que llena la boca de aroma. Los que crecen bajo techo son muy regulares, que también tiene su gracia, pero los de Antonio tienen ese toque de campo que te hace pensar en la mañana fresca y el sol subiendo.

Hay otro punto que marca la diferencia y aquí sí me pongo un poco orgulloso porque, como sabes, nuestra fruta se cosecha bajo pedido. Cada mañana reviso los pedidos y salimos a cosechar lo que va a viajar ese mismo día.

Es más lento y más caro para nosotros, pero la fruta llega con toda su firmeza y con ese polvillo natural que ves en la piel del arándano, señal de que ha sido mimado y no ha dado tumbos de más.

Con los arándanos esto es importante, porque si esperas, pierden turgencia y el sabor se apaga. Cosechados al fresquito de la mañana, embalados con mimo y de camino a tu casa sin siestas intermedias. Del campo al bocado, como nos enseñaron los mayores.

Me gusta pensar que este proyecto es una conversación entre generaciones. Trabajamos la tierra como lo hacían nuestros abuelos, con cabeza y paciencia, y a la vez nos apoyamos en soluciones sencillas y naturales para que cultivos nuevos encajen en tierras de naranjas.

Y cuando algo funciona tan bien como los arándanos de Antonio al aire libre, se nota en el paladar y en la sonrisa. Eso sí, si pestañeas te los pierdes, que me los conozco.

Este jueves los tendrás de vuelta en la web, recién cortados, firmes y con sabor a campo. Yo ya estoy afilando las tijeras y dejando las cajas listas.

Si te apetece probar la diferencia, asómate ese día y date el gusto. Y si te entra antojo a deshoras, no me eches la culpa cuando te acabes la tarrina sin darte cuenta, que aquí han caído más de una a medianoche y con testigos.

Gracias por estar al otro lado, por preguntar, por esperar y por sostener este puente entre nuestros campos y tu mesa.

Te mando un abrazo grande desde la huerta de Valencia ☀️

Hasta la próxima.

Agricultor

Eduardo Cifre