Hola hola

Esta semana las cajas han salido un día después. Parece mucho tener que esperar un día, pero es así tal cual. En el campo, un solo día puede cambiarlo todo. 

Cuando una fruta te pide un día más, hay que dárselo, porque luego ese bocado lo notas en casa.

Te lo cuento, {nombre}, porque nos preguntaron esto mismo ¿De verdad un día hace la diferencia en la cosecha? 

Para poder ilustrarlo te voy a hablar de tres frutos que nosotros cuidamos, cosechamos y luego enviamos a toda España siempre bajo pedido. 

Vamos directo a la huerta… 

El primer ejemplo es de un fruto que siempre nos trae de cabeza, pero aún más en cuanto aprieta el calor: el fresón 🍓. 

El color te puede engañar. Un fresón puede estar rojo y guapete por fuera y seguir algo soso por dentro si lo cortas un día antes. Es que no se hace más dulce en la nevera. Si le falta ese día, llega con buena pinta pero con poca gracia. Y si lo dejas un día de más, se vuelve blandito y ya no aguanta el viaje.

Es como cuando haces un guiso y lo pruebas antes de tiempo. Huele bien, sí, pero todavía no está para mojar pan.

Vamos con otras frutas también rojas pero diferente: las cerezas. Con ellas la película es otra, porque la cereza decide su punto en el árbol. Si la cortas antes, está dura y con demasiada acidez. Si te pasas, pierde crujiente y una lluvia tonta puede rajarla y dejarte mirando al cielo con cara de no puede ser. 

Por eso nos ves con el cubo en una mano y la otra probando fruta como si fuésemos catadores de vino. Buscamos ese momento en el que la cereza está oscura, jugosa y cruje. Media jornada de diferencia y cambia: sacas una alegría de temporada o te toca suspirar y volver a empezar 🍒

Vamos con el último: el aguacate. Los aguacates terminan de madurar fuera del árbol. Nosotros lo cortamos pensando en su punto de grasa. Si lo cortas muy pronto, en casa ablanda pero queda aguachinado y sin esa crema que todos buscamos en la tostada. Si lo cortas cuando ya ha hecho los deberes en el árbol, en tu frutero se convierte en mantequilla verde. Ahí el reloj juega a favor, pero tampoco te puedes dormir, que el árbol no espera por nadie.

Y luego está el cielo, que es como ese jefe que no firma horario. Un día ventoso y los árboles se zarandean, los frutos se golpean o se caen, y hay que cambiar los planes sobre la marcha. Un día sin sol y el azúcar no sube como debería. 

Tú ves un día gris y piensas en manta y café. Nosotros vemos que el color avanza, pero el dulzor se queda atrás. Con una mañana así ya vamos rehaciendo rutas y cuadrillas. Y si amanece despejado nos lanzamos como si fuese la final de la Champions ⏳

Todo esto suena épico, pero es el día a día. Te levantas sin saber a qué te vas a enfrentar. Igual ibas a terminar a mediodía y se alarga hasta última hora porque ese rayo de sol de las cinco te da el punto que llevabas esperando. 

Trabajamos como lo hacían nuestros abuelos, con oficio y paciencia, y a la vez con el móvil echando humo para coordinar envíos, porque lo nuestro sale del árbol a tu casa sin pasar por cámaras. Por eso defendemos tanto la cosecha bajo pedido.

Es lo que nos permite arrimarnos al punto justo y que el sabor te llegue entero.

Sé que en la ciudad todo corre. Que los paquetes vuelan y que una hora arriba o abajo parece una vida. En el campo la prisa la manda la planta. Y cuando te pide un día, ese día es sagrado.

Es respeto a la tierra, a tu paladar y a nuestro trabajo. 

La buena noticia es que esta vez la espera ha merecido la pena. Ese día extra nos ha dado las cosechas que necesitábamos. 

Gracias por entender que a veces elegimos el punto por encima de la prisa.

Gracias por apoyar a este puñado de agricultores que seguimos cosechando como artesanos para que en tu mesa haya sabor de verdad.

Un abrazo grande y hasta la semana que viene

Agricultor

Eduardo Cifre