
Hola hola. ¿Cómo va tu sábado por ahí?
Por aquí amanecemos, como siempre, con la libreta en la mano, pero también con las noticias.
Como sabes, {nombre}, en Campos del Abuelo, somos varios agricultores de toda la península, cultivamos como lo hicieron nuestros abuelos y vendemos directo de los campos a tu mesa para defender un precio justo.
Sin más viajes de los necesarios y con el sabor fresco que se nota nada más abrir la caja.
Y déjame que te cuente por qué te hablo sobre viajes…

En Campos del Abuelo creemos que la comida debe recorrer pocos kilómetros. No es un capricho ni una moda. Menos carretera significa fruta más viva, verduras con más chispa, menos frío de camión y un impacto real en el entorno de nuestros pueblos.
Pero, desde ayer, asoma con fuerza el acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur y, para qué engañarnos: empuja justo en la dirección contraria. Más puertas abiertas a producto que viene de muy lejos.
Quiero contarlo con calma porque es fácil caer en titulares y aquí no hay malos y buenos. Nosotros respetamos a nuestros colegas de todo el mundo porque sabemos lo que es su trabajo. Se levantan antes del sol, pelean con el clima y viven del campo como nosotros.
El asunto no es la gente que cultiva, sino las reglas del juego que se pactan en mesas donde nunca nos sientan. Lo que duele es la sensación de que se decide sin escuchar al que riega de noche o al que se juega la cosecha en un golpe de calor.
Y cuando eso pasa, el campo de aquí se queda con cara de acelga mientras la partida sigue.
La gran pregunta es por qué sus precios son más bajos. La respuesta es menos romántica de lo que parece. Allí hay fincas gigantes que permiten producir a gran escala, el coste de la mano de obra es menor, el agua suele ser más accesible y los trámites y exigencias no siempre son tan intensos como aquí. Todo suma y el coste por kilo baja.
En España trabajamos con controles constantes, salarios europeos, energía cara, sequías que nos obligan a hilar fino y un compromiso ambiental que aceptamos porque creemos en dejar la tierra mejor de lo que la encontramos. Pero todo eso tiene un precio. Y competir solo en precio es como jugar un partido con el viento en contra.

Cuando abres más la puerta, entra mucho producto a precio bajo y en el lineal la etiqueta pequeña del origen a veces importa menos que el número grande. Y claro, ahí nos tiemblan los márgenes.
No me malinterpretes. El comercio mueve el mundo y no digo que cerremos ventanas. Digo, que se pueden hacer las cosas de otra manera.
Se puede impulsar que lo cercano y bien hecho se reconozca y se pague como merece. Y también se puede ayudar a que el campo se reorganice donde haga falta, uniendo fuerzas, buscando nichos de más valor y contando lo que hacemos con más claridad.
Nosotros seguiremos haciendo lo que sabemos. Sembrar, cuidar, cosechar bajo pedido y enviarlo directo. Apostamos por lo que da sentido a nuestra forma de trabajar. Cada pedido es un voto de confianza en esta manera de vivir.
Ojalá llegue ese día en el que las decisiones que se toman lejos tengan en cuenta el barro en las botas.
Gracias por estar a nuestro lado. Nos da la vida saber que detrás de cada caja hay una familia que valora lo que hacemos.
Ahora te dejo, que toca ir a organizar las cosechas de la semana entrante. El campo no espera y nosotros tampoco.
Un abrazo grande y que tengas una semana bonita. Nos leemos pronto.

