
Buenos días desde la huerta de Valencia.
Vengo de recorrer mis campos con una idea fija en la cabeza: ¿Estaremos logrando recuperar el tomate con alma? Espera, antes de que creas que he perdido la cabeza, déjame ponerte en contexto.
Verás, ayer fue uno de esos días en los que…Madre mía, para qué te digo: uno de esos días en los que vamos de cabeza. Tuvimos un problemilla con la cosecha de tomates, nada grave, pero a nivel logístico es complicado cuando aparecen los imprevistos.
Pero, vamos, ¿A quién no le pasa que se le lía un poco la cosa? Seguro que has tenido días de esos.
Y entre tanto tomate que iba y venía, se me dió por pensar en por qué hay tomates que emocionan y otros que parecen de atrezzo.

Lo digo sin rodeos: los tomates de supermercado suelen saber a poco. Se han elegido durante años por lo bien que aguantan el camión y la nevera, por la piel dura y el rojo fotogénico, no por el sabor. Se recogen verdes, se enfrían demasiado y al final pierden los aromas que hacen que un tomate huela a huerto y sepa a verano.
Es como una paella con chorizo, roja es, pero no es lo que toca. Incluso a veces muerdes uno y piensas que ni ha salido de una planta. Ahora bien, no todos los tomates son así y aquí empieza lo bueno.
El RAF, del que ya te he hablado en otras ocasiones, es el señorito con carácter de Almería. Nació en los sesenta y sus siglas significan Resistente a Fusarium, pero lo que de verdad importa es cómo cruje su piel fina y cómo te llena la boca de jugo con ese punto dulce y sabrosón.
Es rugoso, como hecho a mano, y cuando está en su momento te pide un chorrito de aceite y una pizca de sal y ya está. Cierra los ojos y notarás que no hace falta pan para mojar, ya te lo da él.
Y espera a que te cuente del primo grandullón de estos chiquitos, porque ahí viene el espectáculo.

El Corazón de Buey es talla XXL y corazón de mantequilla. Tiene poca semilla, carne prieta y un sabor que manda callar a toda la mesa. Uno bien hecho te arregla una comida entera y te deja el plato limpio sin pasar por el lavavajillas, palabra de agricultor.
Siempre me río porque para llevar uno de estos necesitas dos manos, como cuando cargas todas las bolsas en un solo viaje para no hacer dos viajes, héroes de escalera sabemos de lo que hablo. Si te va la ensalada seria, de las de pan para rebañar, este es tu aliado. Aunque aún me guardo el as de la baraja.
El tomate Valenciano es el que más nos gusta por aquí. Redondo, terso, suave, con jugo que perfuma la cocina nada más cortarlo. Y aquí va una verdad de las que nos acompañan toda la vida. De todos los tomates que he probado a lo largo de mi vida, el mejor es el valenciano 🍅.
Es el que reúne todas las condiciones para ser un buen tomate, maduro, cogido de la mata en su momento y comido cuando toca. Ese es el tomate espectacular. Esa frase la tengo grabada en la azada. Y sí, la clave está en el cuándo y el cómo.
Estos de aquí son los tomates valencianos de la huerta que, si todo sale bien, tendremos disponibles en junio:

Aquí, no perseguimos el brillo de escaparate, perseguimos el punto exacto de maduración en la mata. Cada mañana revisamos tu pedido, vamos a la parcela y cosechamos solo lo que te vas a comer, algo único en España.
Por eso nuestros RAF saben a RAF, los Corazón de Buey a tomate de verdad y los Valencianos a huerta recién regada.
Frente a muchas variedades tocadas a nivel genético mediante cruces e hibridaciones para durar más que un informativo, nosotros elegimos lo sencillo y lo bueno, que es lo que al final te hace sonreír en la mesa 🍅.
Y si me permites, sobre la pregunta del principio, pues creo que sí. Que estamos logrando recuperar no solo el alma del tomate, sino también la verdadera razón de cultivar la tierra: brindar lo real, lo genuino que nos da la naturaleza.
Un abrazo grande desde Valencia y gracias por apoyar a quienes trabajamos la tierra con mimo.
Nos leemos la próxima,

