¡Buenos días! ¿Qué tal va tu semana?

Por aquí a tope, trabajando desde temprano.

Pero hago este respiro para contarte novedades y una cosita en la que he estado pensando…{nombre}, la newsletter de hoy viene cargada de sabores.

Primero vamos con lo más tierno que verás el día de hoy: tenemos habas tiernas muchamiel. Atiliano las cultiva aquí en Valencia tal cual le enseñaron sus ancestros: con abonos naturales y procesos 100% artesanales. Y créeme, eso se nota.

Ahora sí, ya dicho lo tierno. Vamos con lo amargo y lo dulce del día. 

Se me ocurrió contarte esto porque, aunque no voy mucho a la ciudad, cada vez que bajo a Valencia y veo los naranjos de las avenidas me parecen preciosos, dan un toque que ni el mejor decorador. 

Pero ojo, guardan un secreto que a más de uno le ha hecho torcer el gesto. Si te pica la curiosidad, sigue leyendo, que aquí hay tomate… bueno, naranja 🍊

Lo sabemos todos por aquí, pero por si hay distraídos te lo digo claro y alto. Las naranjas de las calles de Valencia son naranjas amargas, las de tipo Sevilla. No son dulces ni aptas para consumo directo.

Si les metes un bocado se te pone la cara como en la foto del DNI, seria y arrugada, y ni con azúcar de churro se arregla.

Entonces, si no se comen, ¿por qué están ahí? Porque son árboles de ciudad. Aguantan bien, llenan todo de azahar en primavera y dejan las calles de postal. La naturaleza a veces es bromista y te pone delante una fruta que parece de revista, pero está pensada para lucir, no para el zumo del desayuno.

Y aquí viene lo bueno, porque la cosa no acaba en la papelera, ni mucho menos.

Esas naranjas no se desperdician. Se recogen y se aprovechan para hacer compost, para cosmética con aromas cítricos y hasta para biogás. Vamos, que igual esa crema que te pones por la noche viene de la naranja que esquivaste en el semáforo, cosas de la vida circular.

La gracia es que lo que a tu paladar no le sirve, a la tierra y a la industria les viene de cine. Y ahora la pregunta del millón, ¿en qué se diferencian de las que te mandamos a casa? 

En mis campos, y en los de los compañeros con los que trabajamos por toda España, los naranjos no son figurantes, son atletas.

Los cuidamos de forma artesanal, como lo hacían nuestros abuelos, con podas que orientan la luz, riegos afinados según la estación, suelos vivos y un mimo constante para que la fruta coja calibre, jugo y dulzor.

Cosechamos bajo pedido cada mañana, miramos los pedidos y nos vamos a cortar solo lo que vas a comer, directo del árbol a tu casa, sin pasar por cámaras.

Aquí, elegimos el momento exacto de recolección a pie de árbol. Probamos, miramos el brillo, el punto de desprendimiento y ese olor a naranja que te dice ya estoy lista. Cortamos una a una y salen en el mismo día.

Así que ya sabes, si ves una naranja urbana, disfruta el paisaje y no la muerdas; y si quieres una que valga la pena, aquí nos tienes, del campo a tu mesa con todo el cariño del mundo.

Un abrazo grande y que tengas una semana redonda,

Agricultor

Eduardo Cifre