Hola hola, ¿qué tal va la semana?

Acabo de volver de los campos de Vicent, donde los pepinos están dando el último estirón. Les faltan unos días, los ves bien verdes, brillantes y sabes que la semana que viene ya estaremos cortando. 

He pasado también por los bancales de berenjena rayada de Genaro y Paco. Esas bandas moradas y crema están cogiendo forma de artista. Mismo diagnóstico. Unos días más y a la cesta. 

Me hace ilusión contártelo porque me gusta que seas parte de este día a día. 

Ir a ver a los compañeros siempre me mueve algo por dentro. Vuelvo pensando en la familia, en lo mucho que se nota cuando hay manos y cariño detrás del trabajo. 

Desde siempre el campo ha sido un trabajo familiar, pero no solo entre nosotros los agricultores, sino entre las plantas… 

Esto tiene sentido, te prometo. Deja que te cuente. 

Aquí trabajamos varios agricultores por toda España. Y nos acompañamos aunque uno tenga árboles de naranjas, otro cultive tomates o cuide aguacateros. Hoy te ayudo yo prestándote el tractor, mañana tú me echas un cable a clasificar la fruta, pasado nos coordinamos para no sacar todo de golpe.

Así es como defendemos el campo y un precio justo. 

Pero volviendo a lo que te decía, entre visita y visita, me ha salido esta idea que quiero compartir contigo. Así como las familias de agricultores nos apoyamos, las familias de plantas también hacen piña en el bancal. Te lo cuento fácil. 

La berenjena rayada pertenece a una familia con mucho carácter, la de las solanáceas. Cuando la pones a convivir con otra familia, como las judías, pasan cosas bonitas.

Las judías son como la cocinera del barrio. Son capaces de tomar parte del alimento del aire y dejarlo en el suelo en porciones justas y muy aprovechables. 

La berenjena, que es una señora exigente, lo agradece. Además las raíces de cada una se reparten el espacio, la berenjena busca un poco más abajo, la judía explora más arriba. No se pelean, colaboran y el suelo queda mullido y contento.

Con los pepinos pasa algo parecido. Son de la familia de las cucurbitáceas y agradecen mucho no estar solos. Por lo general los combinamos con otras plantas y aromáticas porque el suelo funciona mejor cuando hay diversidad.

Y no es solo bonito. Cuando cubres pequeños huecos entre cultivos, el suelo conserva mejor la humedad, se recalienta menos y hay más vida moviéndose alrededor. Los pepinos, que en verano sufren enseguida con el calor fuerte, agradecen muchísimo ese equilibrio.

Además, cuando intercalas especies distintas el campo se vuelve más listo. Hay más bichejo bueno rondando, más movimiento y menos monotonía. Como un barrio donde no todos tienen el mismo oficio. 

Esto no es teoría de manual. Es lo que ves cuando visitas a gente como Vicent, Genaro y Paco, que observan, prueban, comparten y vuelven a probar. Uno siembra un poco antes, otro un poco después, otro apuesta por una variedad distinta.

Entre todos escalonamos las cosechas y nos coordinamos para que tú tengas pepinos y berenjena rayada a buen ritmo y con la calidad que toca. Y mientras, en el suelo, las familias de plantas hacen su propia reunión de colegas.

La judía deja comida, la berenjena la transforma en fruto, las aromáticas ponen ambiente y el pepino, que es de buen comer, se mantiene fresco y crujiente. Si esto no es trabajo en red, que baje el abuelo y lo vea.

A mí me gusta pensarlo así porque nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos. Somos agricultores que seguimos métodos de siempre con cabeza. Sin prisas tontas. Con los calendarios de verdad, los del sol en la nuca y la tierra en las manos.

Y con una logística que parece un baile.

Cada mañana miramos lo que habéis pedido, vamos a cosecha, montamos cada caja una a una y la enviamos. Y ahora con frío, que fue también todo un trabajo conseguirlo. 

Trabajar de esta manera no es sencillo, pero tiene magia. Sabes que detrás hay familias de personas y de plantas cuidándose unas a otras.

La semana que viene, si todo sigue como hoy, empezaremos a cortar pepinos y berenjena rayada. Saldrán del campo directos a tu casa. Ya verás qué color y qué sabor.

Te dejo que el campo me llama. Ojalá esta pequeña ventana te haya enseñado algo útil sobre cómo nos organizamos.

La naturaleza es colaborativa y nosotros, como parte de ella, también.

Gracias por estar al otro lado apoyando el campo español y este oficio que se hace con paciencia y mucha ilusión.

Un fuerte abrazo, 

Agricultor

Eduardo Cifre