La Unió prevé 2,59 millones de toneladas de cítricos en la Comunitat Valenciana esta campaña, la segunda cosecha más baja de las dos últimas décadas. Con menos fruta, el precio debería subir. No lo hace: la Navelina abrió en la lonja a 0,27 euros el kilo, por debajo de costes. Un citricultor explica a este medio por qué.

«Sí, este año hay menos naranja que nunca», confirma. «Los precios están bajos y no suben porque hay muchísima competencia. Hay mucha naranja de ultramar en todos los mercados; están abarrotados de naranja. Y, al haber tanta competencia y tanta diferencia en los precios de los jornales y de todo, la verdad es que compran a lo mínimo».

Los datos respaldan su diagnóstico. La UE importó 1,57 millones de toneladas de cítricos de terceros países en la última campaña, un 14,9% más y un récord histórico. La fruta de fuera ya cubre el 26,5% del abastecimiento europeo, frente al 18,4% de hace diez años. En pequeños cítricos, Sudáfrica es el primer proveedor, con el 27,7%.

«Los almacenes acaparan»

La competencia sudafricana, según su experiencia, no termina cuando termina la campaña de importación. «Claro que se nota la competencia de Sudáfrica. Y no solo en septiembre y octubre, porque septiembre y octubre son los meses en los que se puede importar, pero los almacenes lo que hacen es acaparar y, durante el mes de noviembre, siguen vendiendo fruta de Sudáfrica. Esa es una de las trampas que hay».

Esa fruta almacenada coincide con las primeras variedades valencianas. «Esto hace competencia con las primeras variedades que vienen aquí. Y, si a eso se une que las primeras variedades son muy tempranas y no son de una calidad prémium, eso está generando bastantes problemas».

Es el mismo motivo por el que el mapa citrícola está cambiando. En Castellón, la producción de clementina temprana caerá un 10,6% esta campaña y la de mandarinas híbridas, que se recogen en diciembre y enero, subirá un 25,9%. Carles Peris, secretario general de La Unió, lo atribuye a que la temprana se vende «coincidiendo con la presión de la fruta sudafricana en los mercados europeos».

Cambiar de variedad: 800 euros y cinco años

Este citricultor cultiva clementina tradicional y cambiaría si pudiera. «Si pudiera, cambiaría a variedades modernas. Lo que pasa es que son todas de royalty y la inversión es muy grande».

Hay dos caminos, y ninguno es barato. «Para replantar hay que arrancar y plantar, o injertar. La injertada es menos costosa, pero también depende de cómo esté la plantación, de si son árboles jóvenes o viejos. Eso hay que valorarlo».

Pone cifras a la opción completa: «Sin contar el coste del royalty, una replantación puede costar entre 600 y 800 euros por hanegada, solamente por arrancar, transformar, comprar las plantas y plantar».

Y después, la espera. «A partir de ahí hay que esperar entre cuatro y cinco años para tener una producción aceptable y poder recoger dinero. Son todos años de inversión».

La venta a resultas, «una trampa»

La forma de vender pesa tanto como el precio. Él lo tiene claro: «Yo vendo a precio cerrado».

Explica la diferencia entre los compradores: «Un comercio privado no puede comprar sin precio. Tiene que haber en el contrato un precio establecido». Otra cosa ocurre en las cooperativas y agrupaciones de productores, donde la fruta del socio se puede liquidar a resultas, es decir, al precio que salga una vez vendida.

Su valoración de ese sistema es dura: «La venta a resultas, tanto en cooperativas como en agrupaciones de productores, hace que al final al agricultor no le quede nada, porque no puede controlar las ventas ni puede controlar nada. Tiene que creerse lo que le dice la empresa y, al final, las empresas establecen el beneficio que quieren y al agricultor le queda siempre lo que le queda: nada».

«Vender a resultas es una trampa para el agricultor», resume, «porque, aparte de que está prohibida por ley, solamente puede hacerse en cooperativas y almacenes con una condición especial».

Lo que dice la ley

La Ley de la Cadena Alimentaria le da la razón. Obliga a que todo contrato con un productor fije el precio «en función únicamente de factores objetivos, verificables, no manipulables», y a que ese precio sea «en todo caso, superior al total de costes asumidos por el productor» (artículo 9). La excepción son las entregas que los socios hacen a sus propias cooperativas y entidades asociativas, que la ley no considera relaciones comerciales (artículo 2).

Esa obligación choca con las cifras de esta campaña. La Navelina cotiza en la lonja a 0,27 euros el kilo, y AVA-ASAJA sitúa su umbral de rentabilidad en 0,32.

El aforo oficial de la Conselleria, aún pendiente de publicación, dirá si la cosecha es tan corta como anticipan las organizaciones agrarias.


Fuentes: Agroinformación — La segunda cosecha más baja de las dos últimas décadas · Economía 3 — La campaña citrícola firma a ciegas en el año récord de importaciones · Castellón Plaza — La clementina pierde terreno frente a variedades más rentables · BOE — Ley 12/2013 de la cadena alimentaria

— Redacción Campos del Abuelo