
Buenos días.
Traer de vuelta al presente el espíritu de trabajo de nuestros ancestros no es un capricho: es una necesidad consciente.
Ellos sabían del verdadero trabajo en la tierra, del respeto a los tiempos, de la paciencia y de la artesanía. En el fondo, todo lo que hacemos hoy en la huerta nace de ahí, de esa escuela vieja que no se aprende con prisas.
Hoy te quiero contar algo que tiene que ver con la historia de estos campos, de estas tierras en las que trabajamos muchos de los agricultores que formamos parte de Campos del Abuelo.
Y todo a través de uno de nuestros productos estrella, que tiene historia pero también presente.

Hace un tiempo me topé con la historia de los fresones, aquí en Valencia. Algo te conté, pero me faltó una buena parte. Es que no ha sido naranja toda la vida por aquí por la huerta...
En un primer momento, {nombre}, te conté que se hacían tertulias en el fresal, esto porque por allá en el siglo XIX, había un lugar llamado L Hort del Santíssim donde se cultivaban fresones con una finura sorprendente para la época.
Aquello era orgullo de la tierra, parte de nuestra identidad agrícola. Hasta que llegaron las enfermedades, sin pedir permiso, y los fresales fueron desapareciendo del paisaje.
Se cerró un capítulo que parecía definitivo. Pero, spoiler alert como dicen ahora: la historia no estaba ni cerca de acabar.
Décadas después, a finales de los sesenta, el fresón volvió con fuerza. Un boom en toda regla, una especie de reencuentro con algo muy nuestro. Y aquí viene lo bonito.
Se me dio por leer y me topé con un documento de aquella época y me dio un vuelco el corazón porque trabajaban prácticamente igual que lo hacemos hoy en Campos del Abuelo. Decía:
“La recogida la efectuaban por la mañana temprano y confeccionaban el producto en cajas. Por la tarde cargaban las cajas en camiones y las enviaban al Mercado de Abastos de Valencia, siguiendo un sistema tradicional de comercialización. Cada agricultor enviaba a uno o varios asentadores su recogida diaria en un transporte común para todos."
Transparencia, oficio y un respeto total por la fruta.
Uno de los eslóganes de entonces era: Fresas de mis fresales. No me digas que no es precioso.

Me emociona pensar que esa forma de trabajar no se perdió del todo, solo estaba esperando a que la retomáramos con cabeza. Hoy seguimos esa misma filosofía, aunque con un matiz que para mí lo cambia todo.
Cada mañana reviso vuestros pedidos, nos ponemos las botas, salimos al campo y cosechamos bajo pedido. La fruta se corta solo cuando alguien la espera en casa, no antes. Luego la preparamos con mimo y sale directa del campo a tu mesa, sin vueltas raras, defendiendo nuestro trabajo a un precio justo.
Esto, que parece sencillo, es algo único en España. Y no lo hago solo, lo hacemos junto a un montón de compañeros agricultores repartidos por toda la península, gente que cuida su huerta como la cuidaban sus abuelos, con paciencia, manos sabias y la vista siempre en el cielo por si se tuerce el tiempo 🍓
A veces la mejor innovación es recordar lo que nunca debimos olvidar. Volver a lo que funciona. Volver a mirar la planta, a tocar la tierra, a madrugar para recoger cuando el fresón está en su punto, a ponerlo en la caja con el mismo cuidado con el que se pone a dormir a un crío.
Gracias por acompañarnos en este camino que es la memoria de nuestra tierra 🌱.
Un abrazo grande y hasta la semana que viene,

