
Buenos días.
Como todos los sábados por la mañana, me senté con el primer café y me puse a leer las noticias.
Entre una cosa y otra, apareció la del crucero que llegará a Tenerife con un brote de hantavirus. Es un tema delicado y lo primero que sentí fue ese pellizco en la tripa que te pide alarma.
Respiré hondo, seguí leyendo y, por lo que cuentan, parece que está todo controlado. Y me pareció importante escribirte hoy precisamente por eso, con respeto, sin sensacionalismos y con esa calma que aquí en el campo aprendemos a base de tierra y paciencia.
Salvando las enormes distancias, en el campo nos pasamos la vida haciendo una versión sencilla de lo mismo.
Deja que te cuente...

Cuando vemos un problema en una planta, lo primero es aislarla. No para estigmatizarla, sino para cuidarla mejor y no poner en riesgo al resto.
Marcamos el árbol que nos preocupa con una cinta, apartamos las cajas de esa fila, observamos qué le pasa, si ha sido el viento, un golpe de sol, un exceso de humedad o alguna carencia.
Le damos espacio, tiempo y seguimiento. Lo que haga falta para salvarla y darle otra oportunidad. Si lo piensas, es el mismo principio que se aplica cuando hay un caso en un barco o en una residencia. Aislar, entender y cuidar.
Te confieso que hubo un segundo en el que estuve a puntito de engancharme al miedo. Ya sabes cómo funciona, abres el móvil, lees tres titulares y parece que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina.
Pero me vino a la cabeza algo que procuro repetirme a menudo: me informo porque no quiero vivir lejos de la realidad, claro que sí. Pero no me quedo a vivir en la pantalla.

Por suerte, en el campo siempre hay mucho que hacer y eso te pone los pies en la tierra más rápido que ninguna noticia.
Te escribo todo esto porque sé que a veces, con tanto bombardeo, viene bien una mano amiga que te diga: tranquilo, tranquila, mantente informado, claro, pero no te quedes a dormir en el susto.
Sal a dar un paseo, cocina con calma, llama a ese amigo o amiga que hace tiempo no ves.
Por aquí, me vuelvo a la faena, que el sol ya asoma y hoy toca revisar los árboles de naranjas para pensar en las cosechas para la semana entrante...
Gracias por estar al otro lado, por confiar en nuestro trabajo y por defender con nosotros una manera de comer más justa y más honesta.
Espero haberte enviado aunque sea una pequeña dosis extra de calma desde la Huerta de Valencia.
Y si te apetece sentir la huerta un poco más cerca, aquí seguimos a pie de campo. Cosechamos cada mañana lo que pedís, como lo hacían nuestros abuelos, con manos artesanas y cabeza fría.
Un abrazo grande y que tengas un fin de semana tranqulo,

