¡Hola hola!

Hace unos días nos llegó un mensaje preguntando qué quiere decir eso de artesanal que ponemos en la web y, mientras estaba revisando los naranjos al amanecer, se me ocurrió una forma muy buena de explicarlo.

Te voy a pedir un favorcitoVamos a usar la imaginación y vas a tener que visualizar un árbol de naranjas conmigo.

Yo aquí en Valencia lo tengo delante todos los días, pero hoy te lo presto un momento.

Míralo de cerca. A primera vista parece que todas las naranjas son iguales, bien ordenaditas como si fueran tornillos de una caja. Pues no.

Cada árbol es un pequeño universo y dentro de ese universo hay naranjas que van a su ritmo. ¿Por qué pasa esto? Porque el clima manda y dentro del propio árbol hay pequeños mundos distintos.

Empiezo por lo más fácil de ver. La cara que mira directo al sol se broncea antes. Ahí el fruto recibe más luz y calor y coge dulzor un poco antes que sus primas de la otra cara, la que vive más en sombra y va con calma.

No es que esa parte esté mal, es que necesita unos días más. Igual que en la playa, están los que plantan la sombrilla en primera línea y los que prefieren la toalla en la sombrita del pinar. Ambos disfrutan, pero a distinto ritmo ☀️

Ahora súbete conmigo a la azotea del árbol. Arriba hay más sol y más viento. El viento refresca, pero también seca y aprieta, así que esas naranjas suelen colorear antes y a veces van más rápidas.

Abajo, cerquita del suelo, la vida es distinta. Hay un poco más de humedad por las noches y el aire se mueve menos. Es una zona tranquila donde el fruto suele llenarse con mucha jugo y a veces tarda un pelín más en rematar el sabor.

Resumiendo, la parte alta y la baja no marchan con el mismo reloj, y el viento, que parece un figurante, resulta ser un actor principal en esta película del árbol 💨

Con todo este baile dentro de un solo naranjo, ¿qué hacemos nosotros? Lo artesanal empieza justo aquí. No tratamos el árbol como una fábrica. No vamos, cosechamos todo de golpe y nos vamos silbando. Le damos varias pasadas al mismo árbol.

En la primera recogemos las naranjas que ya están en su punto, luego volvemos a por las de la cara de sombra y más tarde a por las de la parte baja que han terminado de afinar.

Es como cuando tu abuela hace cocido. No le metes prisa. Vas asomando la cuchara hasta que te llama por lo bajo y te dice ahora sí, hijo.

Y lo mejor. Todo esto lo hacemos bajo pedido. Cada mañana revisamos lo que habéis pedido, salimos a campo y cosechamos lo que toca ese día, fruta a fruta, árbol a árbol.

Luego lo enviamos directo de nuestros campos a tu casa para defenderlo a un precio justo. Es un trabajo que hacemos aquí en Valencia y también con compañeros agricultores por toda España, gente que mima sus cultivos como lo hacían sus abuelos.

Es único en nuestro país y te prometo que se nota en la caja cuando la abres y huele a campo de verdad 🍊

Si alguna vez te llega una naranja con un tono un poco más verdín o con una peca simpática, no te asustes. Es el idioma del árbol contando por dónde ha tomado el sol, por qué rincón se ha protegido del viento o en qué altura ha pasado el otoño.

Detrás hay muchas visitas nuestras al mismo árbol y muchas decisiones pequeñas para que cada pieza te llegue en su momento.

Y ya cierro, que el naranjo me está mirando de tanto hablar de él. Eso es lo artesanal. Ir al ritmo del árbol, escucharle y volver las veces que haga falta.

No tratarlo como una fábrica de naranjas, sino como lo que es, un ser vivo que trabaja con nosotros y al que hay que tenerle paciencia y respeto.

Un abrazo grande y que tengas una semana preciosa.

Mañana al amanecer volveré al árbol y le daré recuerdos tuyos,

Agricultor

Eduardo Cifre