
Buenos días.
Como todos los sábados, me senté un rato a ver las noticias con el café y me topé con una noticia que me dejó un poco preocupado y también pensativo.
Me dieron ganas de hacerme la siguiente pregunta: ¿Qué pasó con el tiempo analógico?
Hasta hace unos minutos, estuve leyendo sobre el abuso de redes sociales, la pérdida de concentración y el aumento de ansiedad por estar todo el día pegados a la pantalla.
Citaban datos y advertencias de la Sociedad Española de Neurología, y cuando lo oyes así, en boca de neurólogos, impresiona.
Y por eso mi pregunta sobre el tiempo analógico. Porque, {nombre}, qué distinto era el ritmo cuando no andábamos conectados a todas horas.
Pero se puede bajar la marcha y te cuento cómo lo hacemos por aquí...

En el campo aún conservamos un tiempo que no se mide en likes, sino en sol, en agua y en manos.
Nosotros madrugamos, salimos a cortar naranjas o a recoger lo que toque y luego directo a la caja. Trabajamos así varios agricultores.
Y lo hacemos a nuestra manera, artesanal, como lo hacían nuestros abuelos, con paciencia y con el oficio que se aprende con los años.
Lo que más me gusta de este trabajo es que todo te empuja a bajar una marcha. Aquí hablas frente a frente con la gente. Con Clara, con Julio, con Antonio, con el vecino que pasa y te pregunta cómo viene la flor.
No hay botón de me gusta, hay un "te ha quedado fino ese bancal" dicho mirándote a los ojos. Esa tontería, que no lo es, te coloca.
Y luego está el reloj de la tierra, que no entiende de urgencias.
Hay que esperar para tener frutos, nada es inmediato. Puedes refrescar la aplicación del tiempo diez veces, que el aguacate no va a madurar más rápido por eso.
Esto que nosotros hacemos, no es más que volver a lo de antes. Y, tal vez, hacerlo en nuestras vidas cotidianas nos saque un poco de la pantalla.
Dar un paseo, visitar a un amigo, a una amiga, hablar con un familiar. Como si el móvil no estuviera.
No quiero demonizar las pantallas. También nos ayudan a organizarnos, a hablar contigo, a avisarte cuando arranca una temporada.

En el campo, las recompensas son lentas. Ver cada día un arbolito que apenas asoma, y meses después verlo tirar con fuerza, te recuerda lo importante: La paciencia.
Ahora que la ansiedad anda alta en todas partes, asomarse cada mañana y ver cómo engorda una naranja o cómo se estira una tomatera calma más que muchas meditaciones. Te pone en tu sitio, te recuerda que hay procesos que no saben de prisas ni de empujones.
Y cuando llega el fruto, el gusto es doble, porque sabes lo que ha costado llegar hasta ahí 🍊
Gracias, de corazón, por apoyar lo que hacemos. Porque cada pedido que nos hacéis sostiene no solo una forma de cultivar, también una forma de vivir el tiempo.
Nos permitís seguir yendo a la parcela a cosechar lo justo y necesario, seguir hablando entre vecinos, seguir cuidando árboles que darán fruto cuando toque.
Y, de paso, nos recordáis que no todo tiene que ser inmediato para ser bueno 🌱
Un abrazo grande desde la huerta de Valencia, gracias por estar ahí y por elegirnos,

