Hola hola, ¿cómo va la semana por ahí?

Hoy lo primero que te quiero comentar es que ya tenemos disponibles los caquis tradicionales blandos, esos que se chorrean en la boca, aprovecha de hacer tu pedido, porque solo estaremos enviando pedidos hoy y el lunes próximo, debido a las fiestas navideñas, haremos todo lo posible por que sus pedidos llegue a tiempo, a pesar de el alto tráfico que hay en estas fechas.

Ahora sí, con el corazón un poco encogido. Quiero contarte por qué el caqui, ese señorito del otoño que tanto cuidamos, se nos está poniendo cuesta arriba. No es un secreto en la comarca. Cada año hay menos campos. Este año también he visto que han arrancado más. Y cuando ves las raíces al sol se te hace un nudo en la barriga.

El primer golpe llega en invierno. La poda del caqui no es cortar cuatro ramitas y a casa. Es casi una cirugía. Hay que abrir el árbol, repartir luz, limpiar madera mal colocada y preparar las ramas que aguantarán el peso. Es mano de obra especializada y muchas horas. Un buen podador no solo corta, esculpe. Y eso cuesta.

Luego vienen los cuidados a lo largo del año. Entre revisiones, aclarar fruta, atar ramas, vigilar plagas y mil mimos, el caqui pide 8 o 10 intervenciones fáciles cada campaña. No hablo de milagros, hablo de trabajo. Caminas el campo una y otra vez, tomas notas, vuelves a pasar. Si no estás encima, el caqui se te desmadra.

Y aun así, es un cultivo muy delicado. La mosca blanca, los trips y los ácaros son persistentes. Si viene humedad y lluvia en momentos malos, aparecen problemas que marcan la piel. Para la mesa eso ya no sirve. Muchos frutos se quedan en el árbol o en el suelo por calibre o por defecto estético, aunque por dentro estén perfectos. Es lo que hay. El caqui es un divo. Quiere sol, abrigo y que no le toquen el peinado.

A esto súmale lo que no se ve. El agua que no falla, el riego que hay que mantener, el gasoil de ir y venir, las cajas, la energía de frío cuando toca, el tiempo de selección a mano. Y los precios del mercado que suben y bajan como una noria.

Tú inviertes todo el año y luego dependes de una semana tonta para salvar o no salvar los números. Por eso digo que el caqui ya es cosa de agricultores muy especializados. Entre la poda, que es muy costosa, y los cuidados que hay que hacerle todo el año, la rentabilidad está en peligro.

Entiende esto. El caqui tiene un ciclo largo. No plantas hoy y recoges mañana. Pones dinero y paciencia durante años hasta que el árbol se porta. Si en ese punto las cuentas no salen, la decisión de arrancar no es por capricho. Es dolorosa, pero real. Ante esa tesitura, cada año desaparecen bastantes hectáreas. Y el paisaje cambia. Y con él se van oficios, saberes y nidos de aves que se refugiaban en esos marcos de plantación.

¿Qué estamos haciendo nosotros para resistir? Jugar a lo que sabemos. Artesanía y cabeza. Cada mañana revisamos los pedidos y vamos a cosechar solo lo que se ha pedido. Cosecha bajo pedido de verdad.

Eso evita mermas, evita tener fruta esperando en cámara y nos permite pagar un precio justo a los compañeros que cultivan con nosotros por toda España. Seleccionamos en el árbol, cargamos y tu caja sale con la fruta recién cortada. Es la única manera que vemos de defender el caqui sin traicionar lo que somos.

También nos apoyamos en labores de toda la vida. Aclarar para que no se rompan las ramas. Atar con cuerda para guiar la forma y que el peso no tumbe el árbol. Pisar el campo a menudo para detectar problemas pronto. Parece simple, pero es la diferencia entre llegar o quedarse a mitad de camino. Si el caqui hablara te diría que con uno o dos mimos de más a tiempo se ahorra un disgusto tremendo luego.

Sé que a veces alguien mira el precio y piensa que se nos ha ido la mano. Ojalá vieras todo lo que hay detrás de cada pieza que llega a tu mesa. Puede que ese caqui haya pasado por tres manos antes de entrar en tu caja.

Puede que le hayamos quitado dos vecinos de rama para que él creciera bien. Puede que lo hayamos protegido del viento con un atado y que lo hayamos elegido entre muchos. Ese cariño se nota al comerlo y mantiene vivo el oficio.

Si me permites un deseo. Cuando compres fruta, compres donde compres, piensa en quién está al otro lado. Si puedes, apoya compra directa. Y si es con nosotros mejor todavía, claro, porque así sostenemos entre todos estos campos que se resisten a desaparecer y defendemos precios justos para el que trabaja la tierra. Aquí seguimos cosechando como lo hacían nuestros abuelos. Sin prisas, sin atajos, con respeto por el árbol y por tu mesa

Gracias por leer hasta el final y por estar. Si tienes curiosidad por algo del caqui, cuéntamelo. Me encanta cuando me escribís y me pedís que explique cosas del campo. Intento que aprendamos juntos y con una sonrisa. El día que me veas hablarle al caqui, no te asustes. Es que somos ya como de la familia.

Agricultor

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