
¡Buenos días!
Acabo de volver de la huerta con las manos oliendo a tomatera y a salitre porque estuve cosechando 🍅.
Junio es el mes del tomate y se nota. Van finos, con ese brillo de quien ha crecido con cariño, y a cada corte les asoma el jugo como diciendo aquí estoy yo. Este año les hemos dado el mimo que pedían y ellos, que son muy agradecidos, lo han devuelto en sabor.
El tomate valenciano es tradición pura de aquí y se nota, déjame que te cuente por qué...

Es una variedad que tiene querencia por la tierra arenosa y un puntito salino, la que se da cerquita del mar. Esa arena calienta rápido por la mañana y drena bien, así las raíces respiran y la planta no va con botas de agua todo el día.
¿El resultado para ti? Carne prieta, piel finita y un equilibrio de dulzor y acidez que en junio está en su punto. Cuando el día ya aprieta pero la noche aún refresca, el tomate guarda chispa, no se queda plano. Por eso, el de junio es especialmente rico.
Lo que más me gusta de este tomate es, precisamente, lo que no le gusta a las grandes superficies: su piel es fina y delicada, que no está hecho para dar vueltas.
Requiere cuidados muy específicos para cosechar y enviar, y por eso me enorgullece poder cultivarlo y mandártelo desde Campos del Abuelo. Aquí lo cosechamos bajo pedido, cada mañana revisamos lo que habéis encargado y nos vamos a la mata.
Lo elegimos a mano, uno a uno, como me enseñó mi abuelo, y lo preparamos para viajar sin que pierda el alma. Esto de cosechar bajo pedido es casi único en España y es la forma de defender nuestra fruta y verdura a un precio justo, trabajando los agricultores como siempre, con oficio y sin prisas.

Te voy a confesar algo. Es mi tomate favorito. En casa lo cortamos gordito, una pizca de sal y un buen chorro de aceite y ya me puedes dejar ahí solo, que no necesito más.
Si lo pruebas en esa ensalada de verano que haces tú, verás que no hace falta disfrazarlo. Él solo se explica. Y si te encuentras una lagrimita de jugo cayendo por el plato, no es tristeza, es alegría de la buena.
La temporada es corta. Este valenciano no entiende de eternidades, entiende de ritmo. Y seguir una tradición, te lo digo después de muchas madrugadas, no es dejarla correr.
Hay que mantener el hilo cada día, escuchar a la planta, ajustar riegos, tutorar, escoger el momento. Continuar, que es lo difícil, es lo que da fruto. Por eso me hace tanta ilusión contarte que están saliendo muy bien los primeros de junio. Si te apetece, están recién cortados, directos de la huerta a tu mesa.
Gracias por el apoyo de estas semanas. Hemos tenido que acabar antes con la cosecha de naranjas de mesa y me guardo la historia para otro día, que tiene miga y mejor te la cuento con calma.
Mientras, nosotros seguimos al pie de la mata, y con compañeros agricultores por toda España cuidando sus tierras como lo hacían sus padres y los padres de sus padres.
Aquí no hay magia, hay constancia y muchas manos.
Te deseo una semana con sabor a tomate de verdad.
Un abrazo grande y hasta la próxima,

