
Hoy te escribo con las botas aún húmedas. La lluvia es vida, sí, pero a veces nos pone el campo patas arriba. Justo ahora estamos atravesando unas intensas lluvias, por lo que tendremos que retrasar el regreso a nuestras actividades.
Te cuento cómo nos afecta, para que cuando veas que movemos una entrega unos días, sepas que no es capricho, es cuidar la fruta y tu nevera.
Por una parte tenemos a las naranjas y mandarinas, con ellas la norma es clara: la fruta mojada no se cosecha. Hay que esperar a que seque el árbol y la piel. Si la cortas húmeda, el riesgo de hongos y podredumbres se dispara. Es como llevarles invitación a una fiesta que nadie quiere en casa.

La piel, cuando está empapada, se vuelve delicada. Se marca con nada, pierde defensa natural y su vida útil se reduce. Lo que debería aguantar alegre una semana, quizá llega triste a mitad de camino. Y si la lluvia viene con viento, el suelo amanece alfombrado de fruta caída. Esa ya no podemos enviarla, por calidad y por sentido común.
Piensa en la piel del cítrico como un chubasquero vivo. Si lo saturas, se ablanda y cualquier roce deja una heridita invisible. Ahí es donde empiezan los problemas. Por eso preferimos sumar paciencia y restar prisas.
En tomates, pimientos y pepinos, la lluvia puede causar rajado, exceso de agua en el fruto y pérdida de sabor, obligando a una selección más cuidadosa.
Por otro lado, cultivos como la patata y la cebolla se ven afectados porque el suelo mojado dificulta la recolección y puede comprometer su conservación posterior. En el caso de otras hojas verdes, la lluvia vuelve las hojas más frágiles, sucias y menos duraderas.

Con la lechuga pasa algo que sorprende. Todo el mundo cree que le encanta el agua, pero no es un pez. Si está mojada, no se corta. La lluvia paraliza la cosecha. El exceso de humedad le roba el crujiente y la firmeza. Lo notas al pellizcar la hoja, pierde esa chispa fresca que tanto nos gusta.
Además, la humedad es autopista para hongos y bacterias. Y su duración en casa cae en picado. Una lechuga bien cortada y seca puede durarte alrededor de diez días en frío. Tras una tromba, si se cosecha a destiempo, a veces no pasa de cinco. Mejor esperar a que el rocío se vaya y cortar al amanecer cuando la hoja está seca, que es como lo hemos hecho siempre.
Aquí trabajamos como lo hacían nuestros abuelos, con cabeza y con calma. Cada mañana reviso los pedidos y salimos a cosechar solo lo que nos pedís. Esa es nuestra forma de trabajar y nos permite enviaros fruta y verdura recién cortada, de nuestros campos y de los de compañeros agricultores por toda España, defendiendo un precio justo para quien la cultiva y una calidad honesta para quien la come.

¿Y qué pasa los días de lluvia? Que toca jugar al ajedrez con el cielo. Calculamos si esperar, si mover una parcela, si adelantar otra. A veces es mejor retrasar un envío un día que mandarte una naranja con la piel fatigada o una lechuga que no va a durar. Preferimos que tu primera mordida suene a campo y no a chaparrón.
La lluvia nos da y a veces nos quita, pero en el campo manda ella. Nosotros ponemos el oficio, la paciencia y el cariño. Y si alguna vez te avisamos con un paraguas en la mano, es porque queremos que lo que llegue a tu mesa llegue de diez.
Gracias por estar al otro lado y por aprender con nosotros entre nubes y claros. Cualquier duda, aquí me tienes, con las manos aún oliendo a azahar y tierra mojada.
Un fuerte abrazo y hasta la semana que viene...

