¡Buenos días!

Hoy me he sentado a escribir con el fresquito de la mañana y las botas aún con barro, que ya sabes que aquí en Valencia madrugamos para revisar los pedidos y salir a cosechar. 

Espero que hayas comenzado este día con ánimos, porque la newsletter de hoy viene cargadita.

Como sé que te gusta aprender cómo funciona el campo sin complicarte la vida, hoy te cuento la campaña de la naranja como si fuera una buena novela de invierno. Empieza tímida, se crece por capítulos y termina con traca final.

En el primer capítulo, nuestra protagonista es la Navelina, la reina naranja de la mesa. Ella empieza a dar las primeras señales a finales de octubre, con vergüenza casi, como quien saluda desde la puerta sin entrar del todo. En noviembre la historia coge fuerza, los árboles se animan y el azúcar se pone serio. Es cuando el naranjo te dice aquí estoy yo. 

Pero la cosa de verdad se pone bonita a partir de diciembre, cuando a la Navelina se le va la timidez y se sienta en la cabecera de la mesa. Desde diciembre hasta marzo es la reina, la que perfuma la cocina cuando la pelas, la que se parte en gajos alegres y no tiene semillas que te fastidien el momento.

Mientras la Navelina manda en la mesa, en paralelo trabaja la Salustiana, la variedad de los jugueros de la casa. Desde diciembre hasta abril es la preferida para zumo porque tiene mucho jugo y un punto de acidez que lo equilibra.

Aquí se abre un debate nacional del bueno, casi como la tortilla con o sin cebolla. ¿Zumo con pulpa o sin pulpa? En mi familia esto ha provocado verdaderas discusiones, aunque yo siempre soy de los que prefiere la pulpa.

Y entre una y otra aparece la Lane Late, que se lleva fenomenal con la Navelina porque se solapan en meses, pero ella aguanta un poquito más. La tienes desde diciembre y, a veces, se estira hasta abril. Es como ese amigo que nunca tiene prisa por irse de la sobremesa, te acompaña, alarga el buen rato y no pierde el punto.

Cuando se va el abrigo y los días se alargan, en finales de abril llega la Navel Powell. Es la navel de la primavera, más pausada, con su dulzor tranquilo, y nos acompaña hasta junio. A mí me gusta pensar que la Navel Powell es el puente entre el invierno naranjero y el verano que asoma. La muerdes y el cuerpo te dice que ya toca guardar el brasero.

Y entonces llega la despedida por todo lo alto. Desde mayo hasta julio, y algunos años se alarga hasta agosto, manda la Valencia Late. Es la variedad que cierra la temporada, la que permite que sigamos con el vasito de zumo y el gajo fresquito cuando el sol aprieta.

Aquí se nota el oficio, porque la Valencia Late madura despacito y resiste con mucho jugo sin perder la gracia. Si me dejas el chascarrillo valenciano, la Valencia Late es nuestra traca final 🍊.

Ahora bien, te cuento algo: en Campos del Abuelo hay naranjas durante toda la campaña, desde que arranca tímida en noviembre hasta que la Valencia Late se despide. Pero solo mientras están en el árbol. Cuando se acaban, se acabó. No vendemos más naranja fuera de temporada aunque el teléfono eche humo.

Trabajamos al ritmo de la naturaleza, no la forzamos, y es parte de nuestra manera de entender el oficio.

¿Y por qué insistimos tanto con el calendario? Porque consumir naranjas fuera de su tiempo casi siempre significa fruta de cámara. A ver, que la cámara enfría, frena y alarga, sí, pero por el camino se pierde aroma, esa chispa que llena la casa al pelarla, y la textura se vuelve menos alegre.

Por eso nos gusta contarlo con claridad. El calendario lo marca el árbol y lo firma el sol; nosotros lo respetamos, lo acompañamos con manos de artesano y con paciencia.

Te dejo con la intriga de cada capítulo, que ahora ya sabes leer la campaña como a un buen libro.

Octubre asoma lento, noviembre se crece, en invierno reina la Navelina, el zumo lo pone la Salustiana, la sobremesa la alarga la Lane Late, la primavera la tiende la Navel Powell y el telón lo baja la Valencia Late. 

Y cuando el telón baja, no nos quedamos haciendo bises con fruta de nevera. Preferimos que nos eches de menos. Que el primer gajo cada año, sepa a reencuentro. 

Un abrazo grande y gracias por estar al otro lado. Mañana, como siempre, revisaré los pedidos con el café, cogeré las tijeras y saldré a por tus naranjas del árbol a tu mesa. 

Nos seguimos leyendo la semana que viene.

Agricultor

 

Eduardo Cifre