¡Buenos días!

Las temporadas son momentos intensos, pero hay que aprovechar.

Ayer estuve hablando con Sujan, que anda con las cerezas hasta las orejas, y me decía lo de siempre cuando toca campaña buena: estamos contentos, pero con mucho trabajo.

Y razón no le falta. Cuando llega la cereza, el campo se pone en modo maratón con sprint incluido.

Ya te he contado que sus cerezas son de la montaña, pero algunas particularidades sobre la altura que están muy vinculadas a la cosecha... 

Las cerezas de Sujan y las de Alexander crecen en fincas de altura, desde los 500 hasta los 850 metros sobre el nivel del mar.

Esa escalera de montaña es justamente el truco para organizar sin volverse locos.

Empiezan desde abajo, donde el calor llega antes y los árboles maduran primero, y luego van subiendo finca a finca según ven el color el color. Lo bueno es que así la cosecha se va escalonando.

No se pone todo rojo a la vez y puedes ir con calma de la buena, la que te deja elegir bien. Además, imagina que esa subida tiene su encanto, porque cada semana el paisaje cambia, como también el clima.

Como me contó Sujan: se nota el fresquito en la cara cuando ya vamos por arriba ⛰️

Pero volvamos que aquí viene lo importante: coger la cereza en su punto óptimo de maduración, que en la fina de Suja y Alexander se marca entre 4 y 5 en la graduación de colores.

Traducido para todos, es ese rojo decidido, casi granate, que te mira y te dice cómeme.

En el mercado común suelen cortarlas un poco antes para que vayan más firmes y aguanten viajes largos y noches en cámaras. Nosotros jugamos otro partido.

Como la fruta no viaja ni duerme en cámaras y sale directa del árbol a tu caja, podemos darnos el lujo de esperar un poquito más. Ganamos sabor, jugosidad y ese crujido que suena como campanilla de alegría.

Aquí, el ojímetro está afinado al 4 y medio, que ya es nivel experto 🍒

Una cosa que casi nadie cuenta y que a mí me parece clave: La cereza no mejora una vez la cortas. No es como el plátano que te madura en la encimera. Lo que consigues en el árbol es lo que te llevas a la boca.

Por eso nuestra manera de trabajar marca la diferencia. Cada mañana reviso los pedidos y salimos a cosechar lo que habéis pedido. Cosecha bajo pedido, a mano y en el punto.

La altitud ayuda más de lo que parece. Abajo la maduración corre y arriba va con pausa buena. Eso da margen para elegir el día perfecto en cada finca.

Si toca a 550 metros o si ya suben a 700. Cuando das con el 4 o el 5, notas que la dulzura está plena y la acidez acompaña. Ni empalaga ni flojea. Es el momento de verdad.

Y luego está lo nuestro en la logística. Recolectamos por la mañana y preparamos los pedidos al vuelo para que salgan cuanto antes. Sin cámaras, sin dormir la fruta, sin mareos.

Tú la recibes casi como si hubieras venido a por ella al bancal. Si te llega alguna con ese brillo oscuro que parece terciopelo, guárdale el primer bocado. Verás por qué somos tan pesados con el color. 

Desde Valencia, con ayuda de compañeros por toda España, seguimos haciendo las cosas como nos enseñaron los mayores. Con cabeza y con cariño.

Gracias por estar al otro lado y por confiar en esta forma de entender el campo.

Aquí seguiremos, madrugando para que en tu mesa manden el sabor y la frescura.

Que tengas un día estupendo y, si pillas una cereza que manche los dedos, considéralo una medalla...

Un abrazo grande,

Agricultor

Eduardo Cifre