
Buenos días ☀️
Hay algo que a nosotros los agricultores nos entusiasma mucho y es el tiempo de cosecha. Lo bonito de este oficio es que todo lo que hemos hecho durante semanas, incluso meses, se concentra en unos días en los que el campo te dice: adelante.
Y aunque lleve toda la vida entre naranjos, nunca he dejado de emocionarme con la primera naranja de la temporada. Ahora esto ya pasó hace un tiempo pero es un momento único:
La coges, notas el peso justo, la piel cede un poco al pulgar, suena ese clic al separarla del árbol y te llega el perfume. Ese día siempre pienso lo mismo: si algún día no me emociona, cuelgo la azada y me voy a vender chanclas a la playa.
Pero este momento no siempre es tan feliz. Y déjame, {nombre}, que te cuente por qué.

Para contarte, deja que te diga lo que pasó a principios de semana...
No pudimos enviar fresones. Las plantas no dieron a basto y tuvimos que esperar para poder cosechar en condiciones. Los fresones maduran por tandas, no a golpe de reloj. Si vienen un par de días frescos o nublados, se frenan. Si los adelantamos, llegan con menos sabor y menos vida.
Preferimos darles un día más y que te lleguen como deben.
Y si encima llueve, ya es examen final. Los frutos delicados como fresones y arándanos son un poco tiquismiquis a la hora de la cosecha. Con el agua en la piel se vuelven resbaladizos, se marcan con nada y la humedad les sienta regular, porque dentro de una caja cerrada la humedad es fiesta mayor para los hongos.
Por eso, cuando cae un chaparrón, esperamos a que el sol y el aire del campo los sequen. Alguno me dijo de broma que los pasáramos por el escurridor de la lechuga, pero conociéndome acabaría mandándote un puré.
Con los arándanos además hay un detalle curioso: esa capita blanquecina que ves, que parece polvo de hada, se llama pruina. Es natural y los protege. Si se empapa, la fruta aguanta menos, así que mejor paciencia y cosecha en seco.
Todo esto no nos quita la alegría de esta época. Al contrario, la hace más nuestra. Lo mejor del día es arrancar un fresón maduro y llevártelo a la boca al momento, aún con la temperatura del campo. O pelar una naranja recién cortada y que la cocina entera huela a domingo.
Eso es exactamente lo que queremos que sientas cuando te llega una caja nuestra. Que es tu paseo por el bancal sin tener que mancharte las zapatillas
Te lo podemos prometer porque trabajamos de una forma que en España es rara avis. Cosechamos cada mañana lo que habéis pedido y salimos a cortar. Sin cámaras de semanas, sin carreras vacías. Del árbol a tu casa en cuestión de horas.
Suena simple, pero requiere una coreografía fina. La web marca el compás, el tiempo mete sus solos de improvisación y nosotros bailamos sin perder el ritmo...
A quienes nos escribisteis preguntando por los fresones de esta semana, gracias por la paciencia. Cuando os decimos que esperamos, no es por capricho. Es para que en lugar de un casi, recibas un vaya, qué fresas.
En esto hay una regla de oro que aplico también a mis naranjas: Mejor llegar un pelín más tarde y que estén de cine, que llegar a tiempo y mandarte una decepción.
Cierro como empecé: con la primera naranja. Cada temporada, esa primera me recuerda por qué hacemos lo que hacemos. Porque por mucho parte meteorológico y mucha planificación, hay un momento en el que muerdes y dices ya está: ha merecido la pena.
Ojalá cada caja que te llevas a casa te dé un poquito de esa sensación. Y si al abrirla te llega un soplo a campo y te entra una sonrisa, ya me has hecho el día 🍊🍓
Gracias por estar al otro lado, por apoyar la forma artesanal de cultivar y por entender que aquí manda la tierra, pero decidimos nosotros cómo cuidarla.
Un abrazo grande desde la huerta de Valencia y nos leemos mañana,

