
Buenos días desde la huerta valenciana.
Una mañana más que me tomo este momento para contarte cómo va todo por aquí. Hoy el día viene ajetreado, no voy a mentirte. Casi siempre los viernes suelen ser tranquilos, pero hoy vamos de cabeza.
Sucede que estamos por comenzar la cosecha de una de nuestras joyitas, de esas que estamos esperando literalmente todo el año.
Y nos estamos preparando para recibirlas cómo lo que son: unas verdaderas reinas.
Llegan directo desde las montañas de Alicante, cultivadas con métodos artesanales y cosechadas una a una bajo los primeros rayos del sol.
¿Sabes de quiénes estoy hablando?

Así es: vuelven las cerezas de montaña de Alexander y Sujan.
Y no, no las llamamos así porque quede bonito, son de montaña de verdad. Crecen entre los 600 y los 900 metros de altura, en los campos de Alexander y Sujan, en Alicante.
Allí arriba el aire cambia, las noches refrescan y el tiempo parece ir un poco más despacio. Y las cerezas, créeme, lo notan.
Cultivan unas 55 hectáreas de manera artesanal, cuidando variedades como la Prime Giant y la Sweet Heart. La primera, de un rojo bien intenso, tiene ese punto firme y crujiente que notas a la primera mordida. La otra es más dulce y jugosa, de las que te hacen mirar el hueso al terminar como diciendo bueno… otra más y paro.
Desde ahora te adelanto que vas a fracasar en parar de comer porque me pasa todas las veces 🤷♂️.
Volvamos al campo, que si estas pequeñas delicias rojas saben así, no es solo por la variedad. Es también por la manera en la que se cultivan, claro, y porque en la zona en la que crecen tiene un punto muy a favor: el equilibrio justo entre frío y calor.
El cerezo es un árbol exigente, muy sensible a los ritmos del clima. Necesita pasar frío en invierno para entrar en reposo, dormir de verdad y coger fuerzas. Ese descanso es fundamental para que luego, cuando llegue la primavera, florezca con energía y buena carga de fruta. Si el invierno viene demasiado suave, el árbol se despista. Como cualquiera de nosotros cuando duerme mal.
Y después llega el verano. Allí arriba hace calor durante el día, el necesario para que la fruta coja azúcar y sabor, pero por la noche refresca. Ese contraste entre calor y fresco ayuda a que la cereza madure despacio, concentrando mejor el dulzor y manteniendo firmeza.
El campo, cuando va al ritmo de la naturaleza, hace maravillas.

Y luego está la mano del agricultor, que ahí también hay mucho oficio. Estas cerezas se trabajan de forma artesanal desde el principio hasta el final. La poda se hace pensando en cómo respirará el árbol meses después. El aclareo ayuda a que la planta concentre fuerzas en menos fruta pero de más calidad. Y la cosecha… la cosecha es casi un ritual.
Las recogen una a una, temprano por la mañana, cuando el sol todavía aprieta poco y la fruta conserva toda su frescura. Con mimo, sin tirones, cuidando cada cereza para que llegue del árbol a tu hogar con un trocito de las montañas de Alicante.
Yo ya las he probado esta semana y te digo una cosa: están imperdibles. De esas frutas que desaparecen del cuenco sin darte cuenta. Empiezas picando unas pocas y cuando quieres reaccionar ya estás buscando si queda alguna escondida en la nevera.
La semana que viene estarán disponibles y, como siempre, las cosecharemos bajo pedido. Recuerda, que como todas nuestras cosechas son limitadas.
Espero haberte hecho llegar el por qué de tanta preparación y cuidado. No son cualquier cereza, son fruto del verdadero esfuerzo artesanal, de la apuesta de agricultores que ponen cabeza y corazón en la tierra para sacar lo mejor de ella cuidándola y acompañándola sin invadir.
Por mi parte te agradezco una vez más que valores nuestro trabajo, nuestra forma de cultivar y el mimo que ponemos detrás de cada caja que enviamos.
Aquí seguiremos al pie del árbol, madrugando, observando el cielo y cuidando la tierra como nos enseñaron nuestros abuelos.
Un abrazo grande y hasta la próxima semana.

