
¡Buenos días! ¿Qué tal va tu martes?
Vuelvo ahora mismo de la huerta, de darle una vuelta a los tomates.
En esta época hay que estar con un ojo en el riego, otro en el sol cuidando que les pegue como toca y la vista muy afilada para vigilar a los bichitos.
Parezco el detective de los tomates estudiando bien de cerca hojas y tallos.
Es que junto a los bichos que adoramos, como las abejas que nos alegran el día, también están los que no queremos ni de cerca.
Entre ellos, la tuta, que es la que reviso que no tengan mis tomates 🍅
Deja que te cuente por qué...

Antes de seguir con la historia de los bichos, déjame decirte que seguimos contando algunos votos para ver qué queso llega a la web, seguro tendremos el resultado mañana.
Ahora sí, volvamos.
La tuta es un bichito muy pequeño y muy listo que, mientras se alimenta, va minando la planta. Hace estragos en hojas y tallos y unas galerías terribles en el fruto, como si fuese un topo del tomate.
Por fuera a veces no ves nada, y por dentro va dejando el camino hecho. Y claro, si no estamos encima, te puede fastidiar la cosecha en silencio, que es lo que más rabia da.
Nosotros la combatimos sin utilizar productos raros. No invadimos el campo, lo gestionamos. En lugar de bloquear la naturaleza, la ponemos de nuestro lado. ¿Cómo? Con otro bicho que se la come, una especie de chinche que es un depredador natural de la tuta.
Le damos hotel y desayuno al aliado y él se encarga de mantener a raya a la invitada no deseada. Esto va de equilibrio, no de fuerza bruta. Va de entender quién hace qué, y cuándo, para que cada pieza del ecosistema cumpla su papel sin que nadie se pase de listo.
En el campo siempre es así con los bichos. Tenemos la lista VIP y la lista no gratos. Las mariquitas y las abejas, bienvenidas sean a todas horas 🐝.
Otros, mejor ni nombrarlos.
De hecho, en otra newsletter te contaré de unas moscas que aborrezco. Hoy no las quiero ni mentar, que me sube la tensión solo de pensarlo.

Trabajar con la naturaleza es esto que te cuento. Aprender a mirar. Entender que no se trata de ganar una pelea, sino de continuar la historia sin romperla.
El campo no es una foto fija, es una línea que sigue. A veces hay una pausa por lluvia o por viento, pero luego retomamos y seguimos, y sigue también el tomate, y sigue el chinche con su ronda, y siguen las abejas a lo suyo. Es la misma película, sin cortar el hilo.
Y todo esto lo hacemos para que, cuando pidas en la web, por la mañana yo revise los pedidos y nos vayamos a cosechar.
Cosechamos bajo pedido, del árbol y de la mata a tu casa, en cuestión de horas. Es nuestra manera de mantener viva la tradición de nuestros abuelos, trabajando la tierra de forma artesanal, y a la vez defender nuestra fruta y verdura a un precio justo.
Lo hacemos aquí en Valencia y también con compañeros agricultores por toda España, que comparten oficio, paciencia y muchas batallas con bichitos de toda clase.
Si te apetece, en otro momento seguimos con la vida secreta de esos pequeños vecinos del campo.
Que con los bichos aquí en el campo sí que hay tela para cortar.
Lo bueno de esta historia es que no tiene final, solo continuidad bien llevada y alguna que otra sonrisa cuando pillas a la tuta con las manos en la masa.
Un abrazo grande y que tengas una semana redonda,

