¡Buenos días!

Hace un ratito estaba hablando con Raquel, la apicultora con la que trabajamos, y me decía que el calorazo de estos días ha encendido algunas alarmas.

El problema, me contaba, es que cuando aprieta demasiado el termómetro las flores producen menos néctar. Dicho fácil: la planta cierra el grifo para no perder agua.

Y como el néctar es, básicamente, el “pago” dulce que la flor le hace a la abeja a cambio de la visita, si hay menos pago hay menos visitas.

Y si hay menos visitas, hay menos polinización.

Parece un misterio, pero todo está conectado, deja que te cuente cómo:

En el campo casi todo va de saber continuar sin forzar las cosas. A veces la naturaleza sigue sin interrupción y a veces necesita parar y volver a empezar cuando se dan las condiciones. Las abejas lo hacen de lujo.

En días templados siguen su trabajo de flor en flor, y cuando el sol aprieta de verdad, reanudan más temprano por la mañana o al caer la tarde, cuando la flor vuelve a tener ese puntito de néctar cargado.

Es como cuando estás cocinando una paella y ves que le falta un pelín de caldo. No es cuestión de echarlo a lo loco, es cuestión de saber cuándo y cuánto para que el arroz siga su curso y llegue a su punto. Pues igual con las flores y las abejas.

Me decía también Raquel que esto del equilibrio es un baile fino. Un año, me recordaba, tuvieron una helada de diez bajo cero y no pudieron sacar nada.

Las flores quedaron tocadas y no hubo forma. Si llueve demasiado, el agua literalmente lava las flores y arrastra polen y néctar. Si viene muy seco, salen flores sin premio dentro, y ese es el miedo ahora con estos calores.

El clima tiene que estar en sintonía para que el campo siga su música. Ni tromba ni secarral. Un término medio que permita a la planta fabricar su jarabe y a la abeja hacer su ruta sin ir de vacío.

Esto, que parece cuento, se nota luego en todo. En el cuaje de los frutales, en el tamaño de la cosecha, en el sabor. Por eso nosotros madrugamos cada día para revisar los pedidos y cosechar lo que nos habéis encargado.

Cosecha bajo pedido, de la mata a tu casa, y así nos aseguramos de que lo que te llega ha seguido su ritmo natural y no ha estado dando vueltas por almacenes. Es una forma de trabajar que aquí en España casi no se hace, pero a nosotros nos encanta porque respeta los tiempos del campo y defiende el precio justo para quienes lo trabajamos.

Detrás hay manos de agricultores de toda España que cultivan como lo hacían sus abuelos. Oficio, paciencia y esa cabezonería buena de quien sabe esperar a que el tiempo acompañe.

Cuando toca calor, ajustamos horarios, cuando llueve de más, cruzamos los dedos y vigilamos las flores. Y cuando la naturaleza se pone de acuerdo, las abejas continúan su viaje como si nada, las flores vuelven a ofrecer su néctar y todo el engranaje se pone en marcha otra vez.

A veces el campo tarda, pero llega. Y cuando llega, sabe a gloria.

El calor seguirá dando guerra, pero no perdamos el humor: si las abejas pueden con el verano, nosotros también podemos con lo que queda de semana 🐝.

Mañana, como cada mañana, miraremos los pedidos y saldremos a cosechar lo tuyo.

Que el tiempo acompañe, que las flores no pierdan el compás y que tú disfrutes cada bocado.

Nos leemos pronto,

Agricultor

Eduardo Cifre