
¡Hola hola!
Vengo con noticia fresca de las que te alegran la merienda.
Ya tenemos los votos del gran dilema quesero y ha habido empate técnico entre el queso de cabra y el de oveja.
Democracia del paladar en estado puro.
Como aquí no estamos para romper corazones ni bocatas, hemos tomado la decisión más sensata posible: subiremos los dos a la web y tu escoges el que mejor te combine con el pan del día y el chorrito de aceite.
Equipo cabra y equipo oveja, todos contentos 🧀
Y ya que hablamos de mesa, traigo tres novedades recién salidas del campo.
Los tres llegan con historia y con ese punto de artesanía que defendemos por aquí, te cuento sobre cada uno...

Empiezo por los pepinos de Vicent. Si la huerta fuese un libro, Vicent sería la enciclopedia. Trabaja como le enseñaron sus mayores, con cabeza y ojo fino.
En nuestra huerta el agua corre por acequias desde hace siglos y el secreto del pepino está en darle riego con tino y suelo vivo. Así crece crujiente y limpio, sin ese susto amargo que a veces te estropea la ensalada.
Más de noventa por ciento agua, por eso en estos días de bochorno morder un pepino es como darle un sorbo a la huerta fresca. Y recuerda cómo trabajamos, cada mañana miramos los pedidos y vamos a cosechar lo justo.
Cosecha bajo pedido, directo de nuestros campos a tu casa, para que pagues un precio justo y te llegue con toda su chispa.
Sigo con las berenjenas rayadas de Genaro y Paco. Escogen la rayada porque es mucho más suave que la negra. Menos amarga, piel más fina y una carne que al cocinarse se vuelve cremosa y se deja comer sin pelea.
Si eres de los que dicen que la berenjena no, esta es tu puerta de entrada. A la plancha y con un toque de queso por encima te arregla una cena en un suspiro.
Detrás hay paciencia y buen hacer, elegir bien la parcela, cuidar el suelo y mimar la planta para que cada pieza salga como debe.

Y remato con las ciruelas rojas de Ricard. Me han sorprendido, y eso que ya llevo unos cuantos veranos probando fruta.
Ricard trabaja con métodos artesanales y mucha cabeza. Abre el árbol con la poda para que entre el sol, quita fruta de más para que el resto coja tamaño y sabor y no corta ni un día antes ni un día después de su punto.
El resultado son ciruelas de un rojo que parece pintado, jugosas, con ese equilibrio entre dulce y ácido que te despierta. En la nevera son mano de santo para atravesar los calores que están haciendo, una detrás de otra y parece que baja el termómetro
Entre los quesos y estas tres novedades se te monta una comida de verano que quita el sentido.
Unas rodajas de pepino bien frío para limpiar el paladar, unas tiras de berenjena rayada a la plancha para acompañar, un bocado de cabra o de oveja según te pida el cuerpo y de postre una ciruela roja que haga de broche.
Aquí no venimos a pelear, venimos a merendar.
Gracias por estar al otro lado, por votar, por preguntar y por sostener esta manera de trabajar que heredamos de nuestros abuelos.
Que tengas un miércoles estupendo y que el calor te pille con una ciruela roja en la mano
Un abrazo grande y hasta la próxima,

