¡Buenos días!

Aquí en la huerta de Valencia hemos arrancado la jornada con el ojo puesto en los pedidos de hoy. Comienza la semana y estamos a tope.

Los envíos con frío son innovadores, pero como todo lo nuevo, nos tiene muy atareados. Ya sabes cómo trabajamos mi familia y el resto de compañeros por toda España: cosechamos bajo pedido cada mañana y salimos al campo con la lista en la mano.

Y a esto le hemos sumado el frío para que todo llegue en perfecto estado, con el sabor y los beneficios intactos.

Pero me detengo un momento en plena faena para contarte algo que parece una contradicción y sin embargo es puro sentido común de campo.

En algunos cultivos menos es más.

Pero para ilustrarlo mejor, te llevo a los montes de Alicante, donde Alexander y Sujan cuidan sus cerezos como quien afina un violín, vamos.

Allí hacen aclareo agresivo en cerezo. Suena fuerte, pero no es otra cosa que quitar parte de las cerezas cuando aún son pequeñas para que las que quedan crezcan a lo grande y sepan mejor.

Piensa en el árbol como una cocina con una tarta para repartir. Si hay demasiadas bocas en la mesa a cada una le toca un bocado de menú infantil. Si dejamos menos comensales, a cada cereza le cae ración doble.

Resultado: cerezas más fuertes, más crujientes y más dulces. Y además maduran más parecidas entre sí, que eso para cosechar a tiempo es muy importante.

A mí me hace sonreír porque cada año algún vecino me dice que estamos locos por tirar fruta al suelo. Yo le contesto que lo que parece un desperdicio en junio, en la caja de julio es puro disfrute 🍒

En la práctica Alexander y Sujan se dan un buen paseo árbol a árbol y seleccionan a mano. Dejan algunas por racimo, bien espaciadas, con luz y sitio para engordar sin rozarse.

Lo hacen cuando el fruto ya ha cuajado pero aún es pequeño, así el árbol no ha gastado medio verano en algo que luego no se va a enviar.

El truco está en el cuándo y el cuánto, y eso no lo aprendes en un papel, te lo enseñan los años y las manos.

Esta forma de trabajar choca con el modelo del volumen, ese de medir la campaña por toneladas. Entiendo la tentación de dejarlo todo en el árbol por si viene mal año. Pero exprimir una planta como si fuese una máquina trae factura.

El fruto sale más pequeño y menos sabroso, el árbol se agota y al año siguiente se toma la siesta. Con el aclareo regulas la carga, proteges las ramas del peso y ayudas a que haya cosechas más estables.

Y si vendes como nosotros, directo a personas que notan la diferencia, la calidad se paga y compensa los kilos que dejas atrás. Al final en casa preferimos una caja que haga que digas ¡Vaya cerezas! a una caja que pase sin pena ni gloria.

No es cosa solo de las cerezas. En los caquis de mis campos, por ejemplo, el aclareo es casi obligatorio. Si dejas que el árbol se anime demasiado, las ramas se vencen y la fruta se queda chica y sosa. Cuando ajustas, los caquis salen de anuncio, carnosos y bien dulces, y el árbol te lo agradece el año siguiente.

Es la misma idea en distintos trajes, menos piezas y más sabor.

Todo esto encaja con lo que hacemos en Campos del Abuelo. No trabajamos para llenar un lineal anónimo, trabajamos pensando en ti, que cuando abres la caja quieres que te huela a campo y que el primer bocado te suba una ceja.

Por eso cosechamos solo lo que habéis pedido esa mañana, por eso nos empeñamos en técnicas artesanales que ya usaban nuestros mayores y por eso tomamos decisiones que a veces parecen contraintuitivas, como aclarar fuerte.

A mí me da paz saber que trato bien al árbol. Él me devuelve fruta que merece el viaje.

Me quedo con una reflexión que repetimos mucho bajo el sol: Preferimos menos cantidad de frutos de mucha calidad a muchos de poca calidad, que es lo que suele pasar cuando cultivas para el mercado de volumen y no para consumidores conscientes.

Puede que no sea el camino más fácil, pero es el que más se parece a nuestra forma de entender la huerta.

Y cuando una cereza te cruje en la boca y te manchas los dedos de zumo, todo cobra sentido

Un abrazo grande y que tengas una semana preciosa,

Agricultor

Eduardo Cifre