¡Buenos días!  

Dicen que todo vuelve y que las viejas costumbres ahora se venden como si fueran la última innovación. Y en parte es verdad.

Aquí en Valencia, mis abuelos guardaban la fruta en el fresco de la casa, en esas despensas con paredes gruesas donde el verano no entraba ni con invitación.

Pues hoy me siento un poco como ellos, solo que con camiones y sensores, porque llevamos meses trabajando para que tus pedidos viajen con frío de verdad y el sabor continúe intacto desde el árbol hasta tu mesa.

Fácil no ha sido, deja que te cuente...

Tú ya nos conoces. Cada mañana revisamos lo que habéis pedido y nos vamos a cosechar. Lo hacemos así porque la fruta, cuando está en su punto, no espera a nadie.

Y como no usamos sustancias raras para conservar nuestros productos, el truco para que te llegue como la comemos nosotros en el campo es muy sencillo de explicar y muy difícil de ejecutar: mantener una buena temperatura todo el camino.

Lo hemos intentado mil veces de otras maneras, cambiando cajas, rutas, horarios de carga, empaquetados… y siempre había algún eslabón que se calentaba. Pero esta vez, déjame decirte (y toco madera) que creo hemos dado en el clavo.

¿Por qué el frío es tan importante, sobre todo en frutas delicadas? Imagina que cada fruta respira. Cuanto más calor, más acelera su respiración y antes se gasta su energía, su aroma y su textura.

Con una temperatura fresquita, esa respiración se calma y el sabor se mantiene más redondo. Se nota mucho en fresones, arándanos o cerezas.

Los fresones llegan firmes y dulces, no aguachinaos. Los arándanos conservan esa capita blanquecina que ves por fuera, que es su cera natural, y con frío se mantiene mejor y así el bocado cruje y está más aromático. Y las cerezas, si viajan fresquitas, llegan tersas, con el rabito verde y ese chasquido que a mí me alegra el día.

Para conseguirlo hemos peleado de lo lindo. Ha habido llamadas, pruebas, idas y venidas con los transportistas y, sobre todo, muchas cajas de ensayo.

Pero al final hemos logrado que el envío tenga un costo de 5,50 € para nuestros clientes. Esto no lo vais a encontrar en otro sitio, te lo digo con una mezcla de orgullo y alivio, porque en España ya casi no se hace así cuando el producto sale directo del campo.

Y llega a tu puerta como si acabaras de entrar a la huerta conmigo.

Alguno me ha preguntado si tanto jaleo de frío no es pasarse. Te cuento lo que he aprendido a base de tierra en las botas. El frío bien llevado no maquilla nada, solo ayuda a que la fruta mantenga lo que ya tiene. No inventa sabores, los conserva.

Y aquí viene la parte bonita. Estamos mezclando lo bueno que nos enseñaron los abuelos con lo que nos ofrece la tecnología de ahora. Ellos sabían que el fresco era oro. Nosotros le añadimos una cadena de frío estable y rutas medidas al minuto para que la calidad no se rompa por el camino.

Vieja sabiduría con herramientas nuevas. Y sí, suena a moderno, pero en el fondo es volver a hacer las cosas como siempre, con cabeza.

Te confieso que, como agricultor, me emociona poder decir esto. Porque yo trabajo con más agricultores por toda España que cuidan sus cultivos como lo hacían sus antepasados, a mano, con paciencia y respeto por los tiempos.

Y que ahora podamos garantizar que ese mimo llega tal cual a tu casa, a precio justo, a mí me quita años de encima. 

Sé que suena fuerte decir que esto es único, pero es que lo es.

Cosechamos por la mañana según tu pedido, seleccionamos pieza a pieza y ahora, con frío, la fruta viaja con su mantita de frescor hasta tu puerta.

Ya me contarás si has notado el cambio. Yo apuesto una caja de cerezas a que sí ❄️

Gracias por seguir apoyando al campo español y por permitirnos vivir de lo que amamos.

Un abrazo grande y que tengas una semana preciosa.

Agricultor

 

Eduardo Cifre