Hola hola  

Aquí en Valencia hoy he amanecido temprano como siempre.

Hoy te quiero contar algo que quizás no se ve desde la ciudad, pero aquí lo notamos todos los días: lo llamo el golpe silencioso. Suena dramático, pero es que no hace ruido.

Simplemente va restando ánimos, euros y vecinos. Tiene que ver con la competencia internacional y con cómo se forman los precios cuando tu producto compite en la misma estantería con otros que se han producido con reglas muy distintas.

Te lo pongo bien simple, aunque sea complejo… 

Imagina una carrera. A nosotros nos ponen una mochila bien cargada. Dentro van los salarios y cotizaciones que tocan en España, la luz que hay que pagar para regar y para mover la fruta, el agua contada y cuidada, seguros, papeles, auditorías y mil obligaciones que cumplimos porque creemos en hacer las cosas bien. 

Y al lado corre alguien que no lleva la misma mochila porque en su país el coste de la mano de obra es muy inferior y las exigencias ambientales y administrativas son menores. Si al final solo miras el cronómetro, parece que nosotros somos más lentos. Pero claro, no llevamos el mismo peso 🎒

No me malinterpretes. El problema no es el agricultor de Marruecos o de Egipto. Bastante tienen ellos también para ganarse la vida. El problema es que a los de aquí nos miden con una regla y a lo que entra de fuera con otra.

Para exigir siempre están. 

Para consultar casi nunca cuentan con quienes metemos de verdad las manos en la tierra. Las decisiones se toman lejos del bancal y luego llegan como una carta certificada.

Y tú mientras con barro hasta las orejas y con el ordenador pidiéndote otra contraseña imposible.

Aquí producir cuesta más. Es así. Entre salarios que son los que deben ser, energía cara, agua regulada, seguros y burocracia, el coste por kilo se dispara. Si el precio que nos quieren pagar no reconoce ese esfuerzo, la cuenta no sale.

Cada vez somos menos, y cada vez más mayores. No porque no queramos, sino porque es difícil decirle a un chaval que se meta en esto si lo único que oye es que corre con mochila y cuesta arriba.

Pero, no voy a rendirme. No mientras haya gente como tú al otro lado que entienda de verdad lo que hay detrás de cada caja. Porque cada vez que eliges nuestra fruta no solo te llevas sabor. 

Te llevas el madrugón que nos pegamos para cortar solo lo que pides. Te llevas manos que podan y aclaran a la manera de siempre. Te llevas un trocito de huerta que se niega a convertirse en un solar.

Nosotros seguiremos cosechando bajo pedido como hacemos cada mañana. Seguiremos trabajando con otros compañeros por toda España para que el precio sea justo para todos. 

Seguiremos contando lo que pasa, con humor cuando se pueda y con verdad siempre.

Vamos, que el campo tiene golpes, sí, pero también tiene primaveras. Y mientras haya clientes que entiendan lo que hay detrás de un tomate o de una naranja, aquí nos tendréis, con la mochila bien ajustada y paso firme.

Gracias por estar ahí, por apoyar una forma de hacer las cosas que parece antigua, pero que es la que nos permite dormir tranquilos. 

Un abrazo grande y que tengas una semana redonda,

Agricultor

Eduardo Cifre