Muy buenos días

Hoy he amanecido con el canto de los mirlos y la libreta en la mano, revisando los pedidos de la mañana como hacemos siempre. 

Entre los encargos de hoy, hay kilos de las Habas tiernas Muchamiel de Atilano y me han entrado las ganas de contarte un poco más sobre mi compañero agricultor y su trabajo aquí, en la huerta de Valencia. 

Atilano es uno de los nuestros, de esos agricultores que todavía trabajan como lo hacían sus abuelos. Su parcela en la huerta respira calma. Nada de prisas, nada de atajos. Abona con estiércol de ganadería natural y mima el suelo como quien cuida una herencia de familia.

Es que las plantas, como todo ser vivo, si crecen con buen alimento y sin estrés, se hacen fuertes.

Las habas que crecen con este ritmo tranquilo se hacen por dentro como deben. La raíz baja a buscar lo suyo, la planta se alimenta a su compás y el grano se forma con cuerpo.

Cuando las pruebas, no son agua ni cartón. Son mantecosas, cremosas, casi de terciopelo. Ceden al diente sin pelear. Y el sabor es el de la huerta de toda la vida, con un punto dulce y un fondo fresco que recuerda a tierra mojada.

Las de cultivo intensivo, en cambio, muchas veces corren tanto que se quedan en promesa. Mucho volumen, poca chicha. Como ese bocata que parece un castillo y luego es puro aire.

Aquí no hace falta ser de MasterChef para notar la diferencia… y espérate a ver la variedad que cultiva Atilano.

La Muchamiel es palabra mayor. Nació en Alicante y lleva el nombre por bandera. Sus vainas al madurar son largas, finas y elegantes, rondan la cuarta de una mano buena, y lucen un verde claro que casi deja pasar la luz cuando están en su punto. Dentro, los granos son pequeños y tiernos, tanto que se comen enteros sin pelar cuando están jóvenes. 

Es una variedad precoz, llega pronto pero sin prisas tontas, con una producción moderada y constante que no busca récords sino calidad. Y en boca tiene ese dulzor delicado que se queda sin hacerse empalagoso.

Vamos, que es el Stradivarius de las habas y Atilano lo toca afinado. Y aún hay un detalle que me encanta…

Cuando cosechamos bajo pedido por la mañana, escogemos la vaina que suena viva entre los dedos y parte limpia si la doblas. Es ese chasquido que te guiña el ojo y dice estoy perfecta. Va de la planta a la caja sin dormir en cámaras, directa a tu cocina para que la disfrutes como mandan los cánones. 

Esto, que suena sencillo, es casi único en España. 

Aquí entre nosotros, {nombre}yo también me doy el capricho y pico unas cuantas para casa, que una cosa es vender y otra ser de piedra. Si supieras el olorcito que dejan en la sartén con un ajo y un hilo de aceite… aunque mejor me callo, que luego me decís que os hago salivar a traición.

Te dejo un truco rápido de abuelo para reconocer las buenas sin fallar. Mira el color, que sea verde claro y vivo. Pásales el pulgar por la costura.

Si notas los granos pequeños y la vaina se siente firme pero flexible, vas por buen camino. Y si al romper la punta suena limpio y no hace hilos, estás ante una señora Muchamiel.

Al final, cuando eliges las habas tiernas Muchamiel de Atilano, llevas tradición, una tierra bien cuidada, un sabor que no necesita trucos y el trabajo de manos que se levantan antes que el sol. 

Y ahora que ya sabes lo que hay detrás de cada vaina, dime que no te pica la curiosidad de probarlas… porque a mí me está entrando un hambre que ni te cuento 🌱.

Gracias por seguir ahí, aprendiendo del campo con nosotros y apoyando a quienes lo trabajamos con cariño. 

Un abrazo grande y que tengas una semana bien sabrosa.

Hasta la próxima, nos vemos entre habas y naranjos.

Agricultor

Eduardo Cifre