Hola hola, ¿cómo va la semana? 

Por aquí, amanecí cuidando una de las joyas de la huerta: el tomate valenciano 🍅.

Vivimos en un mundo en el que los coches se conducen solos, el móvil te recuerda hasta beber agua y parece que todo se puede automatizar. Y, sin embargo, hay cosas que siguen necesitando una mano experta

El tomate valenciano es una de ellas. Te lo digo porque lo cultivo yo, lo veo cada día y, si todo sale bien, espero cosecharlo en junio.

Hasta entonces, paciencia, ojo fino y trabajo del de verdad. Lo de apretar un botón y que el tomate se ate, se pode y se riegue solito, ojalá, pero no. 

Aquí manda el oficio.

El tomate es muy suyo. Requiere mucha mano de obra y mucha presencia. Hay que ir atándolo conforme crece, guiándolo con cañas de la huerta y rafia para que suba recto sin partirse. El truco está en que quede firme pero con un pelín de juego para que el viento lo fortalezca. 

Cada pocos días hay que volver a pasar, porque el tomate no espera. 

También toca quitarle los brazos, los ojos que decimos por aquí, esos brotes laterales que salen con alegría. Si los dejas, la planta se enreda en mil caminos y reparte fuerzas, y acabas con muchos tomates regulares en vez de pocos y muy buenos. Por eso practicamos la caña única, una guía principal, y el resto fuera con cariño y a tiempo. 

Y cuando la mata se pone muy frondosa por abajo, deshojamos lo justo. Quitamos hojas bajas para que corra el aire, entre la luz y no se monte un microclima húmedo en la base.

Parece poca cosa, pero ese par de hojas de más o de menos pueden ser la diferencia entre un tomate que canta y otro que se queda plano.

Luego está el riego, que es casi un arte. No vale con abrir la manguera y arreando. Según el calor, el viento y el color de la hoja, ajustas cantidad y momento. En días muy calurosos conviene madrugar con el agua y medir bien para no empachar la raíz.

La planta te habla, aunque no con palabras. Te cambia el brillo, la tensión de la hoja, el aroma. Lo aprendes con los años. Y sí, algún día te confundes y la tomatera te pasa factura. Es humilde, te baja los humos y te hace mejor agricultor.

Todo esto lleva horas: Atar, desbrotar, deshojar, revisar una por una, volver a atar. La tomatera no entiende de domingos. Por eso digo siempre que el tomate valenciano bien hecho es un producto artesano.

Son técnicas que han pasado de abuelos a nietos porque funcionan. Y sí, a veces acabas soñando con cañas, pero luego pruebas el primer tomate de la temporada con sal y aceite y se te olvida el lomo cargado. El campo tiene estas recompensas que no caben en una factura 😉

Mientras llega junio, seguimos con lo nuestro. Cosechamos cada día lo que pides, directo del árbol o de la mata, sin cámaras ni esperas.

Gracias por apoyar a los agricultores que cuidamos la tierra como nos enseñaron los de antes.

Te mando un abrazo grande y el deseo de que esta semana te sepa a huerta.

Nos leemos la próxima, con más historias del campo y, si la naturaleza nos guiña el ojo, con novedades del tomate valenciano.

Un fuerte abrazo y hasta pronto,

Agricultor

Eduardo Cifre